Sentirnos ofendidos es desagradable y doloroso. Las ofensas son dardos al corazón que destruyen relaciones de forma tal que dejan heridas emocionales muy grandes que nos llevan a reaccionar negativamente. Una ofensa llama o provoca a su vez otra y se vuelve una cadena interminable de palabras de parte y parte.

Jesús nos enseña que es imposible que no vengan los tropiezos. La ofensa hace parte de lo que recibiremos y a lo que nos expondremos en la vida. El tema es cómo reaccionamos frente a ellas. Respóndete estas preguntas:

¿Qué vas a hacer con lo que escuchaste que te ofendió tanto y te duele?

¿Cómo evitas ofender a las personas cercanas a tu entorno?

¿Qué hacer para no reaccionar agresivamente frente a una ofensa?

Las ofensas en la boca de las personas son LAS TRAMPAS QUE EL ENEMIGO UTILIZA PARA HACERNOS TROPEZAR.

Cada vez que alguien nos ofende, está TENDIENDO UNA TRAMPA PARA HACERNOS CAER. Una ofensa que alguien nos dice, es tomar una pala y abrir un hueco en tierra y taparlo con algo aparente para que PASEMOS Y CAIGAMOS.

En algún momento caí en una trampa (al sentirme ofendido y tentado a reaccionar igual) por una reacción agresiva de una persona cercana que se cerró a darme explicaciones a las preguntas que le hacía y su mal manejo del estrés y las presiones que vivía, la llevaron a la agresividad verbal ofensiva conmigo. Cuando escuchamos ofensas de parte de la familia o de personas muy cercanas como amigos o compañeros, duelen mucho más que alguien con quien tenemos poco trato.

El mejor consejo ante la ofensa es CALLAR, eso hizo Jesús frente a las injurias. En cada ofensa o daño que nos causan debemos descubrir el propósito por el cual la recibimos. En mi experiencia personal, las ofensas generan:

a. DOLOR en el corazón. Nos herimos y nos duele ser maltratados. Acarreamos culpa haciéndonos preguntas de por qué nos ofendieron.

b. DECEPCIÓN, hacia quien ofendió. No esperamos que nos maldigan cuando nos hemos propuesto en nuestro corazón siempre bendecir.

c. LUCHA MENTAL. Los pensamientos nos atacan y luchamos para no responder de la misma manera como nos están tratando. Podemos sufrir en nuestra identidad como hijos de Dios y vemos afectado nuestro autoestima.

d. JUICIO hacia quien nos maltrata. Se revela la verdad del corazón del ofensor y éste usa la agresividad verbal como mecanismo de defensa.

Entra en tu exámen con el Señor hoy y revisa cómo está tú corazón respecto de las cuatro cosas que genera la ofensa. Busca la forma de enmendar la relación fracturada hacia quién ofendiste y ábrete a perdonar a quien te ofendió y está dispuesto a restaurar la relación contigo.

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Nunca olvides que Dios no ha terminado contigo.

Abrazo fraterno.

Pr. José Ángel Castilla

4 comentarios

  1. Amén está palabra es algo bien hecho si señor aveces nuestra carne pierde el control y por eso relacionamos de esa forma pero tenemos bien claro que las mejores batallas se ganan clamandole a Dios gracias por su devocional pastor eres un hombre bendecido Dios me lo bendiga 🛐✝️

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  2. Pastor, yo también he caído en la trampa muchas veces. Sentirnos enojados cuando nos hieren es normal y forma parte de nuestro sistema natural de conservación, nos sentimos amenazados y obviamente nuestro instinto es atacar, pero es allí cuando debemos pensar, antes de actuar y eso se llama inteligencia emocional; debemos analizar la situación, ponerme en el lugar del otro, cuestionarme si realmente mi emoción va de acuerdo a la situación, claro esto no es fácil y muchas veces no lo lograremos, pero debemos seguir intentando. Hablemos de lo sucedido con esa persona cuando estemos calmados y con asertividad decirle lo que nos molesta, el como nos sentimos ante la situación que enfrentamos y tratar de conciliar, guardar silencio nos llena de más dolor y hace que construyamos mecanismos de defensa que nos aíslan y hacen que perdamos familiares o extraordinarios amigos que talvez pasaban por un mal momento. Romanos 12 es una capítulo que deberíamos poner en práctica a menudo.
    Dios lo bendiga pastor.

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