Somos responsables de la buena o mala actitud que asumimos frente a las diferentes circunstancias que podemos enfrentar en la vida. Jesús renunció a los privilegios del cielo como Hijo de Dios, escogió ser obediente y se hizo siervo por amor a nosotros. Esa correcta actitud lo llevó a humillarse y lavar los pies a sus discípulos. Esta fue la máxima expresión de servicio que hallamos en la Biblia. Sólo los esclavos de menor rango hacían esta labor.

Charles Swindoll dijo: «Estoy convencido de que la vida es 10% lo que me sucede a mí y un 90% cómo reacciono ante ello.

La actitud del Señor fue renunciar y despojarse de su condición. ¿ A quién le gustaria que le quiten los privilegios adquiridos? Vivimos en la vida reclamando: por lo que los demás hacen, derechos, tiempo, etc.

Jesús como máximo referente nuestro de amor, servicio, liderazgo no reclamó al Padre, escogió ser siervo y hacerse semejante a nosotros. Su actitud nos debe llevar a reflexionar acerca de nuestra capacidad de obedecer y de servir. Un día me marcó una frase que aprendí recién inicié mi ministerio y fue: El que no sirve, no sirve.

No quiere decir que seas anulado por el hecho de no servir, sino que el hacer de nuestra vida cristiana se enfoca en dar a los demás. Esa fue la actitud de Jesús. ¿Estás listo para servir también? Que tus actitudes sean marcadas por el amor y el servicio a los demás.

Creo profundamente que Dios no ha terminado contigo.

Abrazo fuerte.

Pr José Ángel Castilla

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