Las preocupaciones del diario vivir nos cargan. Los asuntos familiares o de trabajo mal manejados nos pueden llevar a perder la paciencia y comenzar a quejarnos. Algunos soportan en silencio sus cargas y tarde que temprano las somatizan con molestias corporales.

¿En cual de ambas posiciones te ubicas? ¿Explotas en ira o te cargas en silencio?

Hay cargas que no son nuestras y las terminamos asumiendo. Dolores de cabeza gratis adquirimos por pena y no saber decir que no. Por favores a familiares, amigos o conocidos, se han terminado rompiendo las relaciones con ellos.

NO SOMOS SUPERMAN, MESIAS NI EL SALVADOR DE NADIE. Cada persona debe APRENDER a afrontar sus propios problemas y ver como sale de ellos. Podemos asesorar, orar, apoyar con la experiencia pero guardarnos de no vernos perjudicados y cargados por los ERRORES AJENOS.

Despójate de las cargas que no te corresponde llevar. La carta a los Hebreos nos insta a quitarnos el peso que nos impide correr la carrera de la vida. Esto incluye el pecado que tantas veces nos hace caer.

Tómate un momento para identificar: Personas a quienes tienes que devolverles la carga que te impusieron y las situaciones de tentación que te hacen resbalar, para que seas un verdadero atleta del Señor, listo para cruzar la meta.

Dios no ha terminado contigo. Te bendigo. Comparte esta entrada con alguien amigo o conocido.

Abrazo fraterno.

Pr. José Angel Castilla

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