Somos el resultado de la suma de valores y antivalores que de pequeños nos modelaron en casa. Ser puntuales, honestos, responsables, decir la verdad, vestir pulcramente por poner algunos ejemplos, nos lo forjaron nuestros padres, abuelos o referentes.

De igual manera vimos malos ejemplos y antivalores como: Deshonestidad, decir mentiras, irresponsabilidad, robar, violencia verbal o física, machismo, irrespeto a la mujer o ridiculizar al hombre, adulterio de uno o ambos padres, lenguaje soez entre otros.

¿Cuál fue el mal ejemplo que recuerdas te modelaron en tu casa cuando eras niño?

Si no permitimos la obra del Espíritu Santo en nuestra voluntad y carácter, terminamos llevando a nuestra siguiente generación a repetir la misma historia de antivalores que nos modelaron a nosotros.

Escuché a un adolescente decirme como en su casa el dinero que ahorraba con esfuerzo, lo terminaban hurtando miembros de su propia familia y nunca lo devolvían cuando lo reclamaba. Me estremeció escuchar algo así y me pregunté: 

¿Cuál son los valores que estamos sembrando en nuestros hijos? Es triste que cosas así, pasen en hogares donde se habla de Dios. (Repasa mi artículo sobre incongruencia de días pasados) Trabajemos en lo que observan nuestros hijos de nosotros. Si no modelamos, perdemos autoridad al momento de exhortarles. Es triste que un hijo nos diga: ¿Y tú qué vienes a hablar? ¡No eres un buen ejemplo para mi! Dan ganas de llorar escuchar cosas así.

Si tu hogar de cuna fue hostil y la frase: “te amo” no se escuchó y la ausencia de tus padres fue compensada con regalos, nuestro hoy buscará llenar los vacíos emocionales con “cosas”.

Esos faltantes creemos los puede llenar como “falsa felicidad” el tener la super camioneta, el TV más delgado y grande del mercado o el caro celular de la manzanita. Nada de eso reemplazará un te amo, un abrazo y la presencia física de un padre. Esa falsa llenura es un mal ejemplo y una distorsión de la verdadera felicidad.

Las motivaciones del corazón vacio pueden ser insaciables. Si te detienes sólo a codiciar, terminas alimentando pasiones y caprichos producto de los mismos faltantes infantiles.


Santiago nos muestra luchas externas como resultado de un conflicto interno que ha salido a la superficie. Deseamos algo pero no lo tenemos y las metas de vida siempre tendrán hambre. Apetito insaciable de: bienes, dinero, reconocimiento, éxito, progreso, sexo, diversión y relaciones. Revisa tus metas y motivaciones. Si sólo deseas “tener”, necesitas rendirte a Dios y pedirle perdón por la codicia. Comprometete a sembrar nuevos valores en tu familia.

Te bendigo. Dios no ha terminado contigo. Si te llegó por WhatsApp el link de este devocional, suscríbete a WordPress y comenta todo lo que Dios te habla en el blog directamente, no en mi chat personal. Si deseas escribirme de forma privada, hazlo a mi correo joseangelcastilla@hotmail.com y con gusto te responderé.

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Pr. José Ángel Castilla

 

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