Tan natural y diario como el sol sale cada día y se oculta cada noche, así es la fidelidad de Dios, pero también la lucha que tenemos en contra de nuestra naturaleza pecaminosa que necesita ser crucificada y sometida.

Todos los días fallamos y dependemos de Su gracia preciosa. Debemos entonces pedir al Espíritu Santo ser examinados, clamar por misericordia, renunciar al pecado, para poder experimentar su perdón.

¿Disfrutas de su misericordia y perdón? ¿Qué error te sigue dando vueltas en tu mente que no te deja recibir el PERDÓN de Dios?

Hace algún tiempo alguien le falló a Dios y se sentía lleno de culpas por la falta cometida, decía que no merecía PERDÓN de Dios, su experiencia era tan fuerte que expresaba que iba a pecar al doble y sin control, porque se sentía poca cosa, miserable y todo le importaba muy poco, debido a la vergüenza que sentía. Decía el que era indigno delante del Señor.

¡Incorrecto pensar así! El Dios de toda gracia, desea que confesemos nuestros pecados no para ser señalados, sino perdonados y limpiados de toda maldad. Sentir el peso de culpa de un pecado no confesado es algo muy duro de experimentar. Tarde que temprano necesitamos ser libres, por ello la importancia de la confesión, a Dios y alguien maduro espiritualmente que no te juzgue o sorprenda de lo que le digamos.

As como todos los días aseamos nuestra casa porque se ensucia, debemos entonces ponernos a cuentas con Dios. Cierra tus ojos y en oración, ponte a cuentas con el Señor y dile lo que te avergüenza y te hace sentir mal, por lo que tu conciencia no te deja avanzar. Perdónate y recibe Su infinito amor el cual fue manifiesto en la cruz del calvario.

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Pr. José Ángel Castilla

5 comentarios

  1. Dios los muestra el verdadero amor no importa lo que hemos fallado el siempre nos perdona y muestra que nosotros debemos hacer lo mismo con aquellas personas auque nos haya hecho mucho daño por qué el perdón nos hace libre.

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  2. Usted lo ha dicho Pastor, el regalo más preciado que hemos recibido es el Regalo de la Salvación. Qué sería de nosotros sin ese regalo… Somos hijos de la Gracia. Y por ello, cada vez que vamos a la Presencia del Señor, somos nuevas criaturas. El pasado queda atrás, somos hechas nuevas.

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