¿Has abrazado a personas que son incapaces de corresponderte? Al abrazarlas, ¿Has sentido que los invades, no les agrada y les asfixia mientras lo haces?

Por otra parte, algunos son hostiles en su trato, colocan una cortina de humo a través de sus malas contestaciones o groserías, para mantener al límite a quien les exprese afecto. En el fondo esas personas han sido dañadas y heridas en el pasado. Cualquier expresión de amor es una tortura, luchan por manifestar lo que sienten y son secas para recibirlo. Esas personas las llamaré en éste post: DIFÍCILES DE AMAR.

El amor es la fuerza emocional más grande que existe y la opuesta más poderosa se llama rechazo. Alguien difícil de amar, fue despreciado y esto lo lleva a una cadena infinita de rechazos sucesivos. ¿Te consideras complicado y difícil de amar?

Mientras no sanemos esas heridas nos costará recibir amor y seremos DIFÍCILES para ser amados. ¿Cuánto amor nos ha dado Dios y cuan paciente ha sido con nosotros? Por amar a otros seremos decepcionados y en el camino hallaremos personas DIFÍCILES, duras, respondonas, amargadas, que nunca sonrien, que se quejan por todo, que le complican el rato a los demás, pero finalmente estamos llamados a AMARLOS.

Aprende a dar del amor recibido por Dios, no renuncies ante las oposiciones y sé muy paciente porque el mejor antídoto para el rechazo se llama AMOR.

Los difíciles de amar están en el trabajo, en la familia, en la iglesia, en la calle, en las oficinas gubernamentales o privadas, los conductores de servicio público y muchos de nosotros hemos luchado con esas heridas que nos impide recibir amor. Todos necesitan de amor y los que hemos recibido el amor de Dios somos los mayores dispensadores para atomizarlo.

Sin amor solo hacemos ruido en este mundo. Por amor ejercita la paciencia que te lleva a perder el control. Por amor no celes ni envidies, por amor deja el orgullo a un lado y restaura las relaciones rotas.

No desprecies a alguien difícil, si tienes la carga por esa persona cercana o lejana dale amor, porque lo necesita. Ora por ella, ten detalles materiales, tarjetas y notas de ánimo donde refuerces su identidad, su estima y recuerda que la obra la hará el Señor en sus corazones. Serás un vaso si te dejas usar y recuerda que Dios no ha terminado contigo. Abrazo fraterno.

Pr. José Ángel Castilla

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