El pasado domingo mi hija sufrió un desmayo mientras yo enseñaba en un evento de la iglesia al aire libre. Se descompensó por el fuerte calor que hacía. Personas a su alrededor la auxiliaron mientras llegué hasta donde estaba. Pensé inicialmente que se trataba de otra persona, pero cuando la perdi de vista entre la multitud, supuse que había sido ella.

Me impresioné al verla muy pálida y la llevé a un lugar ventilado. Cuando volvió en si y empezó a sentirse mejor, ore por ella, conduje mi carro con paz en el corazón y la llevé a la clínica para valoración por urgencias.

Doy gracias al Señor por mantenerme calmado todo el tiempo y confié en que su vida estaba en manos de Dios, porque la caída que se dió, no dejó secuelas en su cuerpo para la Gloria del Señor.

Luego de la valoración y los estudios realizados, le dieron de alta y estaba fuera de peligro. Una victoria más en mi vida de FE, donde vi el poder de Dios operando en la vida de Sofi. Todo ocurrió mientras yo me ocupaba de “Sus asuntos”. Soy un convencido que mientras yo me ocupo de las cosas de Dios, Él se ocupará de las mías.

Cuando pensamos que el Señor duerme, todo está bajo Su control. Si Él está, aunque dormido, nos sentiremos seguros. Si la barca está llena de agua porque la tormenta está feroz y las olas golpean fuerte, tienes que conservar la calma. Sólo necesitas que Jesús esté adentro, Su presencia traerá plenitud de gozo y paz.

Un instante gris puede venir en cualquier momento y le puede ocurrir a cualquiera. Hay personas que ante una situación así, entran en pánico y se les olvida lo que han aprendido de Dios y Su Palabra. Tienes que hablar a tu abatida alma y decirle: ¡Mantén la calma!, ¡No tengas miedo!. ¡Jesús está aquí!

El Señor está contigo y te da la autoridad para hablarle a tu tempestad y decirle: ¡Silencio! La calma llegará. No permitas que tú día se dañe por fuerte que sientas el viento. La tormenta se sujeta a Jesús. La respuesta a tu milagro está cerca y mientras llega, ve sacando el agua de tu barca.

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Abrazo fraterno. Dios no ha terminado contigo.

Pr. José Ángel Castilla

8 comentarios

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