Tan pronto tomamos la decisión de consagrar nuestras vidas para el Señor, nos ganamos un enemigo a sueldo del alma que nos odia a muerte y su nombre es Satanás. No es cierto que él habite dentro de nosotros y tampoco tendrá el poder de controlarnos, si no se lo entregamos. La Biblia lo compara a un león rugiente que está al acecho de su presa para devorarla. Sus objetivos diarios en contra de los hijos de Dios serán: HURTARNOS, MATARNOS y DESTRUIRNOS.

¿Quién con ese plan antagónico, puede ser amigo y desearnos el bien?

Indiscutiblemente que nadie. Ese enemigo a sueldo invisible, usará la tentación para envolvernos y hacernos caer. Hace muchos años le tenía miedo al agua, no sabía nadar y nunca me había lanzado desde un trampolín a una piscina de clavados. La experiencia inició, con el de un metro y cuando le tomé el gusto, el reto pasó al de tres metros. Cuando finalmente estaba trepado en la cima del trampolín camino a la tabla, miré hacia la piscina y sentí terror. Me devolví agarrandome fuertemente de las barandas de la escalera y dije: “Esto está muy alto”. Finalmente vencí el temor y me lancé. Perdí la cuenta cuántas veces lo hice.

Cuando somos tentados pasa como si estuviéramos en la tabla. Podemos observar hacia el agua y DECIDIR no lanzarnos. La experiencia del clavado se semeja al pecado. En la punta de la tabla es difícil retroceder. Siempre tendremos frente a nosotros una tentadora oferta de probar lo desconocido o realizar actos sucios que no agradan a Dios. El agua de la piscina siempre se verá azul y muy provocativa.

El proceso de la tentación a la caída, inicia con una necesidad no suplida ni conocida que se convierte en deseo. Viene la duda respecto a obedecer el principio establecido por Dios de hacer lo correcto. Luego llega la oferta o engaño a nuestra cabeza, porque el diablo es padre de mentira dice la escritura. Finalmente con la lucha en los pensamientos como aviones que han volado buscando un aeropuerto donde aterrizar, llega la desobediencia. Alli ya no hay marcha atrás. Estas en la tabla, listo para caer a la piscina de pecado.

Ser tentado no es haber pecado. Revisa las situaciones diarias que enfrentas que te alimentan el deseo. Lleva tus pensamientos cautivos a la obediencia a Jesús. Apártate de personas cuya compañía, conversaciones y ofertas te lleven a hacer lo incorrecto alejándote de Dios. No seas la próxima presa del león rugiente. Recuerda que hay una corona incorruptible de vida, salvación eterna y victoria que el Señor nos ha dado. No la negocies por un momento en la “piscina”.

Te bendigo. Abrazo fraterno.

Pr. José Ángel Castilla

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