Servir es un don que Dios nos entrega para ser usado en la vida de otros. Si nos desenfocamos del orden correcto, que servir a la gente es servir a Dios, disfrutariamos de un mundo menos egoísta, ya que pensaríamos un poco menos en nosotros y mas en otros. Si analizamos el ministerio de Jesús, nos sorprende que su objetivo principal fue SERVIR a la gente y no ser servido El mismo.

Esto debemos: “memorizarlo y practicarlo” Si sirves esperando una Palabra de agradecimiento por el servicio entregado te frustras. Cada vez que haces algo por los demás, no esperes recibir NADA. Estas fueron las palabras de Jesús cuando nos enseñó: “hay más alegría en dar que en recibir.” Si esto lo conocieran y tuvieran en cuenta los servidores públicos que “nos sirven” desde el poder, tuviéramos verdaderos siervos de dirigentes y un país distinto.

Un mentor y un gran referente en mi vida espiritual, me enseñó a no esperar nada de los demás. Sufrí de servilismo en el pasado ya que esperaba después de entregar mi servicio, una palabra de gratitud o de reconocimiento a la labor realizada. Esta no debe ser nuestra motivación, si realmente servimos a Dios con un corazón sano y el enfoque correcto.

Debemos hacer todas las cosas para Dios, detrás de nuestro servicio a la gente. Siempre piensa que lo estás haciendo para Dios. No seas sólo un buen empleado y laborioso MIENTRAS el jefe está. Cuando ya se ha ido, también entrega lo mejor en tu trabajo, porque lo estás haciendo para Dios. Tú recompensa por servir en cada lugar donde El te ha puesto, la recibirás del cielo. No tardará. Dios no es deudor de nadie.

Servirle a El es un privilegio. Es un placer, es de las cosas que más me enorgullece hacer en la vida. Reflexiona si tu servicio ha sido desenfocado y de mala gana. Ponle pasión y amor al mismo y entrega lo mejor de ti en lo que haces. Te bendigo. Abrazo fraterno. Si fuiste bendecido con éste artículo, suscríbete, comenta y comparte el link.

Pr. José Ángel Castilla