Podemos disimular en público y mostrarnos muy distintos a lo que verdaderamente somos. Lo dulces, cariñosos, expresivos y majos que otros ven de nosotros en contextos sociales, puede desaparecer en cuestión de segundos y nos transformamos en personas hurañas, mal habladas y totalmente irreconocibles.

¿Qué nos hace ser así?

Una circunstancia refleja la realidad y el estado genuino del corazón. En medio de la prueba, él se delata y entrega la fotografía de quienes somos en realidad. No nos engañemos a nosotros mismos y menos a Dios, trabajemos en nuestra irascibilidad. El ama la verdad en lo íntimo y espera que nos acerquemos a El tal cual somos. Reflejar la sinceridad del corazón es parte de la integridad que Dios espera de sus hijos.

Hay personas jóvenes en edad pero con fuertes cuadros de amargura de alma y rechazo, producto de la mala relación con sus progenitores. El rostro refleja lo que está dentro del corazón. No necesitamos decir una sola palabra.

Proverbios enseña que cada corazón conoce su propia amargura y nadie más puede compartir su propia alegría. ¿Cuáles son tus amarguras y luchas internas que te hacen detonar y reflejar la toxicidad que llevas por dentro?

Ser jóven va más allá que tener 16, 19 o 23 años. La juventud se lleva por dentro y mantenerte vital, dependerá del cuidado que le des a tu corazón. Conozco jóvenes que reflejan la vejez producto de una vida lejos de Dios, llenos de miedo y perdidos en su desenfreno juvenil. ¡Esto es muy triste! ¡Ellos son el futuro!

El corazón es la fuente de todas nuestras motivaciones. De lo que más amamos y de lo que más cuidamos. Por eso debemos guardarlo porque es frágil y vulnerable a lo que atesoramos en él.

El corazón correrá tras lo atesorado. Cuida que tú tesoro esté en el lugar correcto.

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Pr. José Ángel Castilla.