John Bunyan dijo: ” Si mi vida no tiene fruto, no importa quién me alabe; y si mi vida tiene fruto, no importa quién me critique”

Muchas veces somos alabados y nos gusta que lo hagan, pero al interior del corazón nos podemos preguntar: ¿Será que entregué todo mi potencial para fructificar y ganarme la justa alabanza de parte de los demás?

No es satisfactorio recibir un reconocimiento, si no nos hemos esforzado e invertido, TODO de nosotros para obtenerlo. Creo que Dios nos entregó un kit de talentos y habilidades personales para FRUCTIFICAR, ser exitosos y genuinos vasos en la vida, sin necesidad de pasar por encima de los demás.

Revisa lo que tienes, lo que sabes hacer, tus áreas fuertes y pon en marcha el vagón de tu habilidad sobre el riel de tu propósito en Dios. Cuando fructificas y conquistas, aparecerán siempre los envidiosos, los criticones y los opositores. Que eso no te desanime para dar fruto.

Somos árboles plantados junto a corrientes de agua. No te sientas marchito si tú vida está plantada al lado de las aguas. Nunca es tarde para arrancar un sueño y hacerlo realidad. Mantente sembrado a la Palabra y camina sobre lo vivido y aprendido de ella. Caleb, un anciano octogenario que cuando tenía 40 años, pidió la tierra de Hebrón y esperó 4 décadas más para recibirla.

Tenía la misma fuerza como cuando la pidió. Fue un hombre de fé que junto a Josué, llegaron como espías a inspeccionar la tierra y dar buenas noticias a Moisés sobre la misma. Fructificó porque supo esperar. Nunca perdió la fé y la fuerza. Todo el que siembra debe ser paciente y esperar a que la semilla germine y fructifique.

Fuiste diseñado para ser fructífero. Prepárate para la cosecha, la sequía terminó. Suscríbete, comenta y comparte. Te bendigo. Dios no ha terminado contigo.

Abrazo fuerte.
Pr. José Ángel Castilla