Cuando nos convertimos e iniciamos una relación con el Señor, podemos decir que hay un antes y un después de lo que éramos. Es allí el momento en que se empieza a escribir una nueva historia, un mensaje de vida que compartir, respecto a lo que Dios ha hecho en nosotros y que alguien necesita escuchar.

Tenemos la responsabilidad de no quedarnos callados. Detrás de ese mensaje se esconde poder de Dios. Cuando la mujer samaritana se encontró con Jesús, soltó su cántaro de agua y corrió a Samaria a decirle a todos, lo que había visto y escuchado. Su vida no fue la misma. Por cuanto la nuestra tampoco, cargamos un poderoso mensaje que va nutriéndose con el tiempo, de los hechos maravillosos de Dios en nosotros.

Todas las semanas un discípulo me hace la misma pregunta y es: ¿Cuál es la cosa más extraordinaria que te ha sucedido en la semana? Siempre me siento desafiado de parte de Dios a contestarle. Y me he dado cuenta que para responder a esa pregunta, no es precisamente que tenga que pasar algo grande, sino ver lo extraordinario de Dios en las cosas pequeñas. Eso es fidelidad y dependencia en un Padre eterno que todo me lo da.

Como humanos podemos olvidar fácilmente lo que alguien hizo por nosotros y caemos en el desagradecimiento. Cuando nos enfocamos en los hechos de Dios, siempre de nuestro corazón brotará una alabanza y nos mantendrá agradecidos y recordando lo que El ha hecho.

Nuestro mensaje de vida es el propio testimonio enriquecido de eventos diarios. Hay un ANTES de conocer a Jesús, un instante en como le conocimos y nuestro AHORA. Manténte expectante en los hechos de Dios porque Su obra de amor y poder aun no ha concluido.

Cada evento de la vida nos va dejando enseñanzas. En cada situación toma nota de lo que has aprendido: cuando murió un ser querido, cuando enfermaste, cuando te sentiste abandonado, cuando te traicionaron, cuando quisiste tirar la toalla, cuando quisiste acabarlo todo. De todos estos eventos aprendemos. No te quedes sin recibir la lección que corresponde, porque todo hará parte del propósito de Dios y serán las lecciones que podrás compartir con otros.

Deja que tu vida sea un libro de ricas enseñanzas en Dios para todo el que quiera leerlo. Hablar del pasado sin la sanidad del Señor en tu corazón te hará hacer apología al dolor y las emociones dañadas. Edificas cuando cuentas la obra de Dios en ti.

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Abrazo fraterno.

Pr. José Ángel Castilla