En la vida y de forma diaria, nos vamos llenando de expectativas. Nos trazamos metas, escribimos y trabajamos en pro de un plan para llevarlo a cabo; solos o asociados. Al llegar la desilusión por factores externos a nosotros, la expectativa se rompe, dando a luz esa emoción dolorosa llamada: DECEPCION. El título de hoy lo has pensado y dicho muchas veces, de seguro sin tomar acciones para superarlo.


¿Cuando fue la última vez que experimentaste sentirte DECEPCIONADO?

  • Te decepcionaste porque las cosas no se te dan o se dan de forma diferente a lo que proyectaste.
  • Te decepcionaste cuando fracasaste relacionalmente con alguien que no conociste verdaderamente. Te diste cuenta de una realidad que cotidianamente nunca mostró esa persona.
  • Te decepcionaste cuando luego de idealizar a las personas y montarlas en el pedestal de tu corazón, te fallaron.
  • Te decepcionaste por no sentirte lo suficientemente correspondido a todo el amor y afecto entregado a la persona de tus sueños.
  • Te decepcionaste de personas que no creyeron en ti, en tu talento y tus habilidades.
  • Te decepcionaste de haber sido rechazado y abandonado por personas que les entregaste calidad de tiempo y de tu amistad y no te valoraron como esperabas.
  • Te decepcionaste de ti mismo por fracasar económicamente y haber tomado decisiones erradas.
  • Te decepcionaste por reincidir en fallarle a Dios y a otros. Te sientes lleno de mucha culpa.
  • Te decepcionaste de personas porque sus valores chocan con los tuyos.
  • Te decepcionaste de Dios por sentirlo distante y retrasado en la respuesta a tu oración.
  • Te decepcionaste de la iglesia, del pastor o líder y del ministerio en el que un día serviste.
  • Tómate un momento para identificar el motivo de tu decepción y si no coincide con la lista anterior, anótalo y decide superarlo hoy.

¿Qué hacer cuando nos sentimos decepcionados?

Enfócate en JESÚS. Las personas, los sistemas, las organizaciones fallan. No busques idealizar a nadie y despójate de todo peso de pecado y corre tu carrera de la vida. Pide al Señor el ánimo para levantarte y volver a empezar en donde te sientes decepcionado y mal. Renuncia a malos pensamientos en el nombre de Jesús. Retoma tus proyectos y sal a cumplirlos. Si encuentras oposición, capitalizala para avanzar.

El Señor está listo para abrazarte y darte nuevas fuerzas. Sal a conquistar tus sueños agarrado de la mano de Jesús. Recuerda que el te ama como nadie y no ha terminado contigo.

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Abrazo fuerte.

Pr. José Ángel Castilla