La vida es de temporadas. Cada vez me convenzo más, que Dios en un año que termina y otro que comienza, no acaba todo cuanto se propone forjar en nuestra vida y carácter.

La Palabra en el libro de Eclesiastés, nos enseña que hay un tiempo para cada cosa en nuestra vida. Ese tiempo no tiene que ver con meses o años, sino con temporadas específicas, las cuales pueden abarcar mayor o menor tiempo.

Hay personas que esconden su falta de planificación del futuro con la frase “dejar todo a Dios” y terminan no haciendo ni teniendo nunca nada en la vida. Esperan señales todo el tiempo y carecen de discernimiento para descifrar los tiempos. Se les pasan los años diciendo que van a hacer y nunca hacen.

Una temporada no es eterna, tiene un término. No seras jóven toda la vida, tendrás que estudiar una carrera y emprender, no tendrás a tus padres vivos por siempre, tendrás que salir de casa y tomar la decisión de casarte y formar una familia.

Hay entonces que aprovechar y discernir bien los tiempos que vivimos. Toma decisiones sabías pensando en tu futuro. Tus prioridades muestran aquello que es de valor, trabaja y esfuérzate por eso sin perder el tiempo porque éste no vuelve.

Si eres de los que viven con tanta pasión, que lo quieren todo y al mismo tiempo. Es como pretender comernos en un día la comida de toda una semana. De seguro nos enfermariamos.

La vida entonces amado lector, es de temporadas. Medita en lo que deseas vivir, hacer y tener. Solas las cosas no se dan, necesitamos trabajar y depender de Dios para conquistar lo que queremos.

Basta ya de indecisiones e inseguridades, de procastinaciones y de falsas promesas. ¿En que tiempo estás? ¿Cómo cerraste tu año anterior? ¿Qué decisiones tomaste para trascender y avanzar?

Nuestro Si es un Si, nuestro iniciar algo es porque lo vamos a terminar. Cada nuevo comienzo nos llena de grandes expectativas de lograr conquistar lo que no teníamos. ¿Que sucederá en diez años? Podemos ver el tiempo demasiado lejos, pero de seguro mucho de lo que tengamos será la consecuencia de lo intencional que podamos ser al inicio de ésta década que acabó de iniciar.

¿Listo entonces para trascender en tu recién estrenada década?

Te bendigo. Dios te ama y no ha terminado contigo.

Abrazo fraterno.

Pr. José Ángel Castilla

2 comentarios

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