Cuando damos media vuelta en nuestra vida cotidiana, estamos cambiando la ruta hacia donde nos dirigimos porque nos dimos cuenta que estábamos equivocados hacia nuestro lugar de destino. En la vida espiritual nos sucede exactamente igual. Todos hemos tomado malas decisiones, nos hemos asociado con las personas equivocadas, hicimos malos negocios, no consultamos a Dios y las tentaciones fueron más fuertes que nuestro dominio propio.

Todos hemos pecado, dice la escritura. No estamos inmunizados contra las tentaciones. Nuestra carne lucha día tras día por agradar y rendir cuentas de nuestros actos al Señor. Somos perfectibles pero no perfectos. Grande es el hombre que reconoce sus faltas. Dios no puede ser burlado, cuando fallamos Su omnipresencia nos observa y el Espíritu Santo se contrista. ¿Cómo continuar nuestra relación con Dios como si no pasará nada?

Uno de mis personajes favoritos en la Biblia es el Rey David. Se le conoce como un hombre que tenia SU CORAZÓN CONFORME AL DE DIOS. En un momento débil de su vida, desea sexualmente a una mujer casada, la embaraza y manda luego a asesinar a su marido.

El salmista, ungido y rey de Israel ahora se había cegado por el pecado y fue necesaria la intervención de Natan el profeta para exhortarlo respecto de su pecado oculto. Esta confrontación la usa Dios para restaurar la vida de este hombre tan especial para El.

Los hombres de Dios debemos hacer un inventario moral diario. Allí revisamos los pecados que más frecuentemente cometemos. No trabajar en los pecados ocultos, endurece, enfria el corazón y lo contamina.

David, luego de ser confrontado frente a su pecado por el profeta Natán, experimenta tres momentos:

A. RECONOCER su pecado, rasga sus vestiduras en señal de dolor.

B. PIDE PERDON a  Dios por la gravedad de la falta cometida.

C. PIDE RENOVACIÓN.

El arrepentimiento es un acto de la voluntad dirigido por el Espíritu Santo, que implica GIRAR, volver a Dios y cambiar la conducta. Es sentir DOLOR por haberle fallado a Dios.

Deja atrás la culpa, el pecado y todo aquello que arrastras del pasado año y mira frente a ti la misericordia de Dios. Ella siempre llegará primero mucho antes que el juicio.

Vuelve a Dios, no importa cuan grave haya sido la falta. Sus tiernos brazos de amor y misericordia se extienden este día para ti. Te bendigo. Suscríbete, comenta y comparte. Recuerda que Dios no ha terminado contigo. Abrazo fuerte.

Pr. José Ángel Castilla

5 comentarios

  1. Nadie puede decir: ¡Yo no peco! por cuanto es mentiroso y por eso la Palabra expresa. “Se Dios verás y todo hombre mentiroso”; pero, el Apóstol Juan dice: (1Jn2:1/2) “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo”. Más, esto no nos induce a pecar a cada momento; sino, ha desechar el pecado de nuestras vidas. ¡vete y no peques más! Dios le bendiga Pástor. Así sea.

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  2. Estar caído y ser levantado por Dios a través de reconocer delante de Él nuestras faltas es lo más sano en nuestras vidas. El colocará al rededor nuestro personas que nos tiendan la mano para ser restaurados como Natan con David.

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