Hace poco estuve de vacaciones y además de tomar un tiempo de recargar fuerzas para iniciar el nuevo año, también aproveché los momentos que Dios me regaló para compartir de Su amor con las personas y orar por ellas.

Hubo una que me impresionó mucho, era un hombre de la calle el cual se me acercó y se ofreció hacer el nombre de mi hija en alambre. Mientras hacía su trabajo comencé a hablarle del amor del Señor y orar por un dolor de espalda que padecía. Era una persona con problemas de alcoholismo y estaba ebria. Lo llevé a reconciliarse con el Señor pues de niño le cantaba y predicaba la palabra de Dios.

Cuando termino de orar y luego pago por el trabajo realizado, el hombre tiró al piso la lata de cerveza recién abierta que se iba a tomar, la aplasta fuertemente con su zapato derramándose y perdiéndose todo el contenido de la misma. Me mira y me dice: “Ya no necesito de esto”

Para mí ese acto fue el regalo de Dios más lindo que mis ojos vieron ese día. Eso trajo alegría a mi corazón. Recordé lo que siente el Señor cuando un pecador se arrepiente, hay fiesta, alegría en los cielos.

No podemos perder la sensibilidad frente a la necesidad espiritual de la gente. Muchos caminan en la vida, sin esperanza, sin rumbo y completamente perdidos. Tener a Cristo como Señor nos insta a compartir esa luz a quien vive en oscuridad.

No necesitas ser pastor para hablar del amor de Dios amado lector. Si El un día levantó tu vida, vive ahora para levantar Su nombre.

Ora hoy por salvación y esperanza a quien no la tiene. Alguien cerca de ti necesita saber que Cristo le ama.

Abrazo fraterno.

Pr. José Ángel Castilla