A lo largo de nuestro caminar por la vida, hemos experimentado todo tipo de emociones y vivencias, dejando así marcada nuestra alma, positiva o negativamente. Estas emociones, han dejado hermosos recuerdos o heridas y malos momentos, que impiden una vida plena, siendo una carga en el corazón. Esto a su vez, genera dudas, baja autoestima, miedos e inseguridades, llevándonos así a la depresión.

Imaginemos que el corazón tiene muchas puertas y que en cada una de ellas habita un recuerdo positivo o negativo, y nosotros tenemos las llaves que abren cada una de ellas.

Habrá entonces puertas fáciles de abrir y éstas corresponden a los recuerdos que nos llenan de felicidad y nos hacen regresar a nuestra niñez o juventud y nos enorgullece contarlos, porque nos alegran el día, ya que lo vivido nos produce satisfacción.

Hay otras puertas difíciles de abrir, y corresponden a recuerdos dolorosos. Dios fue sanando uno a uno, en la medida que le fuimos dando cada llave. Hoy podemos recordar esos momentos vividos y aunque nos saquen una que otra lágrima, todo ya paso.

No todo termina aquí, quizás hoy tienes puertas que continuan cerradas, porque no hemos dejado que Dios las abra. Nos da vergüenza lo que pasó y hemos escondido las llaves en lo mas profundo de nuestro ser, no permitiendo al Señor sanar el dolor.

La Biblia nos enseña, que solo Dios sana las heridas del pasado que han dañado nuestro corazón, el cual es SU MORADA. Es necesario que dejemos que tome control de la situación y entreguemos todas nuestras cargas a El.

Imaginemos que estamos en una carrera y comenzamos a correr. Iremos mas rápido si somos livianos. Si llevamos mas peso, nuestra velocidad no sería la misma que si no tuviéramos esa carga extra. Llegaríamos el doble de cansados si es que alcanzamos llegar. Para correr ligeros debemos entregar esa carga que no nos ayuda a correr bien.

Esa cargas tienen nombre, se llaman: Desilusión, pérdida, abusos, resentimientos o amargura. Deja que Dios se encargue de sanarlas.
Entrégale las llaves de tu alma por completo y sin reservas. Deja que el abra cada puerta. Sí tienes que buscar ayuda hazlo. Por lo general debemos confesar con nuestra boca lo que nos ha pasado y así sanarán nuestras heridas.

Dios quiere que corras esta carrera a plenitud. Deja tus cargas al Señor y nunca más necesitarás de puertas cerradas o recuerdos penosos y dolorosos. Amarás sin restricción y tu vida sera mejor con toda seguridad.

No olvides, “Entrega las llaves”

Escrito por: Josué Lineros

Edición: Pr. José Ángel Castilla.

Abrazo fraterno para todos. Recuerda que El no ha terminado contigo.