Entre las muchas cosas que caracterízan o distinguen a un ser humano de los demás, es su nombre. De ahí la enorme importancia de uno propio y adecuado, mediante el cual nos identificarán durante toda la vida. A cada uno de nosotros nos ha sido colocado un nombre que fue escogido por nuestros padres, hermanos, amigos u otras personas. Algunos nos colocaron el mismo nombre de nuestros papás, abuelos o tios. Hay familias que utilizan el mismo nombre para varias generaciones y le colocan además del nombre, la palabra Primero, Segundo o Tercero.

En mi caso particular tuve el privilegio como hermana mayor de escoger el nombre a mi hermano menor: Carlos Eduardo. Su nombre lo inspiró el protagonista de una telenovela de los años setenta que me parecía muy bonito. Mi mamá estaba a punto de dar a luz su tercer hijo, y yo le dije que me permitiera escoger su nombre. Es más, le dije que ya lo tenía y se lo di. Si hubiese sabido la importancia de escoger bien un nombre hubiese escogido uno diferente.

Bíblicamente los nombres definían el destino de una persona. Un buen nombre puede constituirse en un modelo de identificación para la persona desde que es un niño. Además, favorece la conformación de su identidad.

Esto se expresa a través de la aceptación, del orgullo, la satisfacción, la conformidad y el reconocimiento entre otros.

En la Biblia encontramos el nombre de dos personajes muy importantes que marcaron la historia: Abram, al cual se le cambia el nombre a Abraham (padre de multitudes) y el otro es Jacob, al cual se le dejó de llamar suplantador, por Israel, (príncipe de Dios.)

No importa cuál sea tu nombre, lo importante es que la propia palabra de Dios: La Biblia, nos muestra el inmenso cuidado que Dios tiene para toda su creación y especialmente para sus hijos.

Hay un tercer nombre en la Biblia dado a un personaje muy importante el cual se mantiene hasta hoy desde el principio y es el nombre de JESUS.

Hoy te invito a valorar este nombre que también es símbolo de autoridad y poder sobre la muerte, la enfermedad y toda oposición. Es el nombre de Jesús. Somos suyos y Su obra de amor no cesa porque no ha terminado con nosotros.

Bendiciones.

Escrito por: Lucy Castilla

Edición: Pr. José Ángel Castilla