El acueducto que surtía el agua que bebía la antigua ciudad de Laodicea, venía de fuentes termales. Esto hacia que en el recorrido por toda la red de tuberías hacia su destino final, se fuera bajando la temperatura y el agua llegara tibia.

¿Has tomado agua tibia alguna vez? ¿Cierto que es desagradable? Esta comparación la hace el Señor respecto a la vida espiritual de la iglesia de Laodicea. Por eso les dice que preferiría que fueran fríos o calientes pero nunca TIBIOS porque la tibieza le produce al Señor, ganas de vomitar.

Esta es una de las exhortaciones más fuertes que encontramos en la Biblia. Cuando leo esta escritura, el Espíritu me sacude el corazón y me insta a que esté apercibido y no permita que mi fe, vida devocional y servicio a Dios, se le baje la temperatura y lo que ofrezca llegue tibio.

Hay una segunda cosa que resalto en este pasaje, es que la iglesia se ufanaba de sentirse rica y no necesitar nada más. Tener no va asociado a riqueza. El mundo a distorsionado el concepto. La riqueza se asocia a plenitud y muchos de los que dicen llamarse ricos, corren de un lado a otro en su afán y pobreza mental y del corazón porque no han aprendido a confiar en Dios. Depender tanto de nuestras habilidades, nos vuelve el “dios” que adoramos.

Laodicea, orgullosa por vender pomada para los ojos, el Señor la llama: “Ciega”, fabricaba finos vestidos de lana negra, pero la escritura registra, que el Señor le dice: “desnuda”.

Podemos tener la pomada y los vestidos y no usarlos. Jactarnos de tener, muestra cuan pobres somos. En Dios somos ricos, vemos, y estamos cubiertos. Cuando las personas dicen tener y sentirse felices por el resultado cuantitativo de su fuente de ingresos y se ufanan de lo muy productivos que son, pero nunca tienen tiempo para buscar a Dios, demuestran su tibieza, pobreza y ceguera espiritual. ¿Que dices de tu vida espiritual? ¿Eres un tibio?

Vuelve a los termales y quédate allí. Desde ese lugar ofrece para Dios. No permitas que se tibie tu corazón. Te bendigo.

Comparte el link de este post con alguien más. Suscríbete y comenta. Recuerda que Dios no ha terminado contigo. Abrazo fraterno.

Pr. José Ángel Castilla