Trece años de mi vida entre la época de estudios universitarios y los primeros años de vida laboral, los viví en casas donde alquilaban habitaciones para estudiantes de recursos limitados. En esos años conviví en la misma habitación con tres y hasta cinco compañeros. En una de tantas habitaciones en las que viví, recuerdo que tuve un compañero de cuarto contiguo al mio que era muy desordenado. Cada vez que sabía que la mamá lo venía a visitar, escondía los zapatos y todo su desorden debajo de la cama. Cuando la mamá entraba a la habitación veia todo tan reluciente por fuera del edredón de la cama del pequeño cuarto. Todo estaba bien, hasta cuándo la mamá levantaba el edredón de la cama y mostraba la realidad del desorden y del sucio escondido.

Igual pasa en nuestra vida. Hay zapatos y sucio debajo de la cama de nuestro corazón y necesitamos que alguien con amor lo levante. Convivimos con ese “escondido” y caminamos alrededor del mismo, mostrando una “aparente” limpieza, pero por dentro cargamos lepra (símbolo de pecado)

Asi le ocurrió a un importante general del ejército sirio llamado Naamán. Era muy orgulloso y guardaba dentro de si llagas que ocultaba debajo del uniforme. Solo Dios conoce nuestro interior y las luchas que padecemos. Lo más importante es sacar esa basura y no convivir más con ella. La instrucción del profeta a este importante hombre que le había dado victorias a su nación, fue que se lavara siete veces en el río Jordán. Cuando obedeció luego de quejarse, (porque así somos a veces, nos dan la salida y respuesta al milagro y seguimos razonando) finalmente obtuvo su libertad y su piel se sanó.

Deja que Dios te levante el edredón del corazón y descubra el sucio, los zapatos malolientes y todo aquello que te avergüenza. Mientras tengamos en orden nuestra vida, mucho tendremos que mostrar, sin necesidad de esconder nada. Recuerda que Dios no ha terminado contigo. Si te bendijo este artículo comparte el link del mismo con otros. Valoro no lo mutiles enviandolo fraccionado. De esa forma honras a quien lo escribió, permitiendo que otros lo lean completo así como tú.

Abrazo fraterno.

Pr. José Ángel Castilla

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