La confianza es un pilar fundamental en las relaciones humanas. El diccionario la define como: la esperanza firme que tenemos en que algo suceda, o que una persona haga lo que deseamos. Si no confiamos nuestras relaciones serían frágiles, superficiales y sin cimiento. Necesitamos confiar para avanzar y desarrollar relaciones fuertes. Pero la confianza demanda que la administremos y establezcamos bien dentro de las prioridades del corazón. No podemos confiar más en las personas que en Dios.

Hay gente que no confía en nadie por las tantas veces que le han fallado o traicionado. Terminan aislados, miedosos, pero disfrazados de una falsa seguridad y rodeados de un círculo de personas muy pequeño. No se abren a la gente porque temen que les vuelvan a fallar. En las relaciones humanas siempre correremos riesgos. Por eso, tu corazón debe volcarse primera y ciegamente, a quien nunca habrá de fallarte (Jesús). El es la única relación sin mentiras, falsas promesas y quien podrá amarte sin condiciones.

Si tienes claro ese orden en tu corazón, nunca te sentirás tan defraudado y devastado, cuando alguien a quien le entregaste tu confianza te falle.

La falta de confianza crea inestabilidad emocional en el corazón humano. Imagina un rascacielos con el cimiento de una casa, se caería ¿cierto? Igual sucede con las relaciones. Necesitamos aprender a confiar, ser confiables para así poder desarrollar relaciones recíprocas y sólidas. La falta de confianza las seca. Qué triste que la gente no confíe en nosotros. ¡Trabaja en eso éste año! Volver a ser confiables y confiar.

La Palabra nos insta a confiar en Dios como la base principal de nuestra vida emocional, sentimental y espiritual. Este pasaje de Jeremías nos exhorta a eso, no errar colocando la confianza en la gente como si ellos fueran Dios. ¡Grave! Por ello a quienes confían de esa manera en los hombres, la escritura les trata de malditos.

Medita por un momento si perdiste la confianza en alguien. ¿Identificas quien es? ¿Diste el primer paso para volver a reconectar con esa relación? ¿Hiciste el proceso para perdonar?

Porque confiamos en Dios, establecemos los límites necesarios y discernimos, hasta donde permitimos que las personas se acerquen, para evitar que dañen nuestro corazón. Cuando se abusa de la confianza de los demás, se irrumpe en la falta de respeto. Se vulnera la buena fe y el amor con la que las personas deciden voluntariamente amarnos y apoyarnos.

La confianza comienza con nosotros mismos. No recibiremos de nadie aquello que no hemos sembrado. Si nuestra confianza está plantada en Dios y el autoestima es correcto, los apegos equivocados hacia la gente perderán su fuerza. Tener esto claro hará que la traición y cualquier otro conflicto emocional no nos golpeé tan fuerte.

Tu roca es Cristo y entregó todo por ti en la cruz. Amalo y posicionalo siempre como lo más importante. Recuerda que El no ha terminado contigo.

Abrazo fraterno.

Pr. José Ángel Castilla