Escrito por: Andrea González

Editado por: Pr. José Ángel Castilla

Hace 5 años esta frase se difundió y se hizo famosa en toda Colombia, porque dos famosas, exitosas y bellas mujeres de esta ciudad, recibieron reconocimiento en el mundo secular. Sin embargo, si observamos y meditamos en la Palabra, nos daremos cuenta que nuestro lugar de nacimiento no determina el cumplimiento del propósito de Dios. 

Muchas veces andamos errantes en la vida, buscando un norte, la bendición, el cumplimiento de una promesa que nos fue dada en un momento determinado. Creemos que entre más divaguemos, más intentos hagamos, más puertas forcemos abrir, el tiempo de espera será acortado.

Si bien, no está mal ser perseverantes y nunca desfallecer, hay un factor determinante que puede hacernos cruzar la delgada línea entre la espera y el cumplimiento, el valle y el mar, el éxito y el fracaso, la bendición y la maldición. Esta línea se llama: IDENTIDAD. 

Según el diccionario la identidad se refiere a la conciencia que una persona o colectividad tiene de ser ella misma y distinta a las demás. Entonces solo me resta preguntarte ¿Sabes quien eres? Por responder erróneamente a esta pregunta, no hemos llegado al destino que Dios decidió para nosotros. 

Rotularnos con palabras como: “inferior”, “incapaz”, “débil”, “fracasado”, “indisciplinado” o creerte lo que otros dicen que eres, te llevará a errar muchas veces en el camino.

Dios hizo pacto con Abraham y prometió darle una descendencia extensa, una nueva tierra y una relación perdurable de amistad. Cambió el nombre de él y el de su esposa Sara, con lo cual estaba plasmando un antes y un después en sus vidas.

Sara pasó a ser la infértil, la olvidada, la fracasada a ser una princesa. Identifiquemos quienes somos en el. Toda creencia o declaración negativa acerca de nuestra identidad, afecta nuestro futuro, es por esto que debemos hablar de bendición aun cuando no la veamos, de provisión, de éxito, de multiplicación y ser conscientes de nuestra verdadera identidad como hijos de Dios. 

Lo que te llevará a destino seguro, no será tu lugar de origen, ni tus pertenencias, ni tus apellidos, ni tu intento desenfrenado de abrir la puerta. Será lo que declares y creas que eres, por tanto, si tuviera la oportunidad desmentir, que el “éxito” de las dos mujeres en el primer párrafo, no se debe a una composición química especial del agua de nuestra linda ciudad. Se debe simplemente a saber quien eres. Bendiciones.

Si tienes talento para escribir y deseas hacer parte de la comunidad colaboradora de este blog, envía un artículo de 300 palabras al email joseangelcastilla@hotmail.com y lo compartiremos.

11 comentarios

  1. Me parece excelente esa palabra ,ella es la que refrigera nuestras vidas secas y llena el vacío en nuestro corazón, solo Cristo es la fuente inagotable de vida y esperanza la cual jamas tendrá fin .amén ,amen amén

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  2. Amén Pastor gracias por esa palabra, yo sé quién soy. Yo soy lo que Dios dice que soy. Soy la niña de sus ojos, soy diadema del Reino, soy su princesa.

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