Queremos criar y formar a otros a base de gritos, imposiciones, pero sin modelar con nuestro ejemplo. Queremos “hijos perfectos” que se porten bien y nos representen, pero ellos ven en nosotros  el resultado de modelos incorrectos de lo mejor que nuestros padres nos dieron al criarnos. No estoy en desacuerdo con utilizar una vara o correa para corregir, siempre y cuando no descargues tu frustración con tu hijo, lo maltrates, le hagas daño físico y emocional y pienses que es la “única” forma de corregir que existe. Estoy en acuerdo con levantar la voz si es necesario, de forma extrema y con autoridad.

He usado en mi experiencia como padre: abrazos, besos y expresiones de afirmación en la crianza de mi hija. Sólo una vez le di una palmada en las piernas porque me golpeó con una barra de silicona cuando le decía que era la hora de ir a la cama. Tenía tres años y pese a que luego me sentí mal por haberle pegado, entendí que por amor debía disciplinarla tal como Dios lo hace con nosotros.Un largo y pesado día laboral nos puede llevar a desquitarnos con nuestros hijos cuando llegamos a casa. Si quieres ver disciplina comienza amando de palabras y de hechos. Si muestras tu indiscipina y no das ejemplo, estas mostrando entonces fragilidad en tu carácter. Por arte de magia no se hacen hijos espirituales y llenos de fe. Necesitamos ser intencionales. Ellos tienen que aprender cuando hemos tenido crisis, no mostrando nuestra queja, sino dando gracias a Dios y esperando lo mejor de parte del Señor.

¿Como pretendes que tus hijos respeten a las personas mayores, si te ven gritar, maltratar y maldecir a tus padres? Si no modelas respeto y honra, por mucha cantaleta que des las lecciones no las van a aprender.

Para ser buenos padres necesitamos imitar a Jesús. Sácate de la cabeza y no te frustres más, pensando en que te has equivocado mil veces. Usa el error y lo que has aprendido de él, para enseñar con autoridad. Todos nos hemos equivocado muchas veces. Enseña a tus hijos que los errores son parte de la vida y que seguimos aprendiendo.


Si miras al Hijo de Dios, siempre intimó con el Padre a solas, oró, preguntó, rindió cuentas. Obedeció por amor y fue a la cruz por toda la humanidad. Desarrolla una relación con tus hijos basada en el respeto. Tengan la edad que tengan, son personas y no son de tu propiedad. No les controles y programes la vida como si fueran robots. Estorbalos sólo cuando sea necesario y no los rotules con palabras negativas que afecten su autoestima.

Tu carácter es pulimentado mientras formas. Revisate por dentro, quizás encuentres a un niño malcriado dando cátedra a sus hijos de lo que nunca hiciste con tus padres.

Te bendigo. Nuestro Dios de amor no ha terminado aún contigo.Abrazo fraterno.Pr. José Ángel Castilla