Cuando amamos un lugar, siempre desearemos regresar. Eso es un hogar, un nido cálido al que pertenecemos y dónde siempre encontramos refugio y amor. Un hogar no lo hacen “cosas”, ni mobiliario o la decoración de moda. El hogar es el lugar donde se afirma nuestra identidad, nos sentimos seguros, amados y el sitio al que realmente pertenecemos.

Respónde lo siguiente:

¿Cómo defines la palabra hogar? ¿Sientes que perteneces o perteneciste a uno? ¿Qué crees que le falta a tu hogar? ¿Cuál es tu responsabilidad para generar el calor de hogar que le falta a tu familia?

Cuando el hijo pródigo decidió regresar, sabía que había dejado un padre, una identidad, una relación rota que necesitaba restaurarse. Había un hogar que le esperaba y estaba cansado de comer algarrobas y cuidar cerdos.

Ese hijo nos representa a nosotros cuando hemos abandonado el lugar al que pertenecemos. El libro de proverbios (17:1) enseña: Mejor comer pan duro donde reina la paz,
que vivir en una casa llena de banquetes donde hay peleas.

De 10 años de edad llegué a vivir a casa de mis abuelos maternos, hasta que cumplí 17 y me fui a estudiar Arquitectura fuera de mi ciudad natal. Fueron esos siete años, un hogar y el lugar que Dios escogió para mí madre y hermanos luego de la separación de mis padres. Mis abuelos llenaron mucho de lo que no vi en el hogar con mis padres, donde las discusiones y peleas entre ellos eran casi frecuentes.

El único detalle que opacaba la alegría de mi hogar sustituto, era la envidia y los celos de algunos familiares que cuando nos visitaban, me transmitían la inseguridad que nada era nuestro y que estábamos arrimados en casa ajena. Era tan desagradable sentir que tú no pertenecias a ese lugar, que nada era tuyo. Eso llenó mi vida de mucha inseguridad.

Esa circunstancia la usó el Señor para tocar mi corazón y sacarme del corral de cerdos y llegar a sus brazos de amor. La inseguridad de un lugar físico fue reemplazada por la seguridad de un lugar eterno que no se rompe o acaba.

RENUNCIA a los pleitos y discordias familiares que hacen de tu casa una casa donde se respira una atmósfera pesada Y POCO afectiva. Pon tu grano de oro, (AMOR) en tu casa y hazla un hogar. Restaura tu relación con Dios si ha estado fracturada por el pecado. Vuelve a casa, recuerda que El no ha terminado contigo. Suscríbete, comenta y comparte este post con otros.

Abrazo fraterno. Bendiciones.

Pr. José Ángel Castilla

6 comentarios

  1. Gracias Pastor por compartir ese testimonio de amor de nuestro Padres celestial. Solo en Él hallamos plenitud, solo Él llenará nuestro hogar de su paz. En estos días Dios me regaló esta Palabra que también deseo compartir: “Y todos tus hijos serán enseñados por Jehová; y se multiplicará la paz de tus hijos” Isaías 54:13. Bendigo su vida.

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  2. Es verdad solo renunciando a ciertas cosas y actitudes nuestras, aunque nos cueste demasiado, aunque creamos q no podemos hacerlo es que atraemos la paz y la tranquilidad en nuestra casa. No es facil pero en el señor encontramos la sabidura y la fortaleza para ello.

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Gracias por leer nuestras entradas y comentar lo que Dios está hablando y haciendo en tu vida.

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