Dios recompensa nuestra obediencia. En este difícil tiempo de “encierro” dispuesto por nuestras autoridades gubernamentales, tenemos que seguir al pie de la letra las instrucciones dadas, para guardarnos nosotros mismos y nuestras familias.

El Covid 19 es una realidad cercana que puede llegar a tocarnos si no obedecemos, no nos informamos y por ello minimizamos el peligro de este “invisible”, tal y como sucedió en Europa y los Estados Unidos. Esto no es un asunto de raza, profesión, nacionalidad, estrato social o edad. Es un tema de todos.

Dios te guarda con celo, tenlo presente siempre. El hace su parte y nosotros hacemos la nuestra: orar, creer y obedecer. Estar encerrado tanto tiempo, no es fácil pero esa es la orden. Detrás de todo, esto lo está permitiendo Dios.

Un semáforo en rojo, nos advierte que no atravesemos, porque nos expone a morir atropellados. Igual pasa cuando desobedecemos a las indicaciones de las autoridades en salud. Nos exponemos a ser atropellados por un virus invisible, que circula en las grandes y pequeñas urbes del mundo. La vacuna contra el Covid 19 aún no existe, pero vacuna contra la imprudencia si y se llama: “sabiduría de Dios”. Vamos entonces a obedecer mi sabio lector.

Este proverbio nos anima a ser sabios. Si te sientes aburrido en casa, organiza una agenda para cada día y así sentirás que los días de cuarentena se te pasan mas rápido. Ver Netflix, dormir o comer, no pueden ser la única actividad del día.

Puedes conversar y orar con personas que no puedes visitar, haciendo uso de la tecnología, a través de una video conferencia por ejemplo. Puedes ser la respuesta de Dios para alguien enviando ayuda comestible o dinero, pero evita exponerte y exponer a los tuyos “saliendo de casa”.

No actues religiosa y tercamente pensando que salir de casa sin propósito alguno es “salir por fe”. Eso no es fe, es “necedad”. Toda autoridad la establece Dios y el desacato a la misma es rebelarnos contra El y nos lleva a pagar las consecuencias. Enfócate en una realidad que nos afecta a todos. Esto es un asunto de salud publica.

No hay sistema de salud lo suficientemente fuerte y preparado para una pandemia como esta. Ayer escuchaba a una médico de Nueva York decir que: “adolecemos de recursos y no damos abasto con tantos pacientes. No nos preparamos para esto”. El número de infectados hoy en los Estados Unidos superó a la China, país donde todo esto comenzó.

Quédate en casa amado lector y recuerda que: Dios está y no ha terminado contigo.

Abrazo fraterno.

Pr. José Ángel Castilla

2 comentarios

  1. Hay Milagros en medio del desierto!!!! Como testimonio les doy que desde que estoy trabajando en casa las ventas mejoraron demasiado mucho más de cuando trabajo en la oficina yo al principio tenía mucho miedo q al estar en casa los empleados se relajarian pero fue lo contrario!!! Es un milagro de Dios!

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