Una de las cosas que más nos cuesta en la vida, es soltar el control y permitir que alguien nos dirija. No se si viviste la experiencia de que te vendaran los ojos, y otra persona te tomara del brazo y te condujera a través de diferentes obstáculos hasta llegar a una meta. ¿Te sentiste seguro y confiado en esa actividad? A lo mejor no, porque nos gusta y es más fácil tener el control. Vendados no podemos hacer nada, sólo confiar en que no tropezaremos y estar seguros de ser bien conducidos por alguien.


La obediencia la definimos como: Hacer la voluntad de otro. Obeceder es un principio fundamental como cristianos. La persona obediente, ve la recompensa y la bendición de Dios en todas las áreas de su vida siempre. La voluntad de Dios, es como si El nos vendara los ojos y Su voz guiara nuestros pasos. Esa voluntad la encontramos en Su Palabra. No obedecerla o acatarla, es hacer lo que nos dicta nuestro engañoso corazón, el cual es por naturaleza corrupto.


En estos tiempos de confinamiento, tenemos que estar muy sensibles y apercibidos a lo que Dios quiere que hagamos. Hacer la voluntad de Dios alumbra nuestros pasos y nos da la garantía que el Señor nos acompaña siempre. Solo necesitamos que El esté en esta cuarentena. Permitele rodearte, siente su presencia, su compañía, no necesitas correr ni huir desesperado de casa. Deja toda ansiedad y afán en El. Recuerda obedecer Su Palabra y a nuestras autoridades civiles y espirituales.

Juan, el amado discípulo de Jesús, escribe en esta carta, que cuando pidamos algo, lo hagamos “conforme” a la voluntad de Dios. De lo contrario nuestras peticiones no serían concedidas. Muchas personas llegan a Dios con caprichos en sus oraciones y se obstinan en pedir cosas, pero nunca se rinden en decir: “Haz tu voluntad Señor”, no lo que yo quiero.


Eso nos enseñó Jesús cuando nos dio el modelo de oración por excelencia. En otro instante en Getsemaní, también nos modeló en su oración, que si el Padre lo deseaba, que quitara la copa amarga de la cruz, pero que en todo momento se hiciera Su voluntad y no la de él. Y se sometió a esa tortura por amor.


La voluntad de Dios no tienes que entenderla, solo obedecerla. Si oramos pidiendo que se haga la voluntad de Dios, pero desobedecemos a Su Palabra, fracasamos. Que la escritura sea tu cimiento inamovible y mucho más en este tiempo de incertidumbre mundial. Recuerda que El no ha terminado contigo. Abrazo fuerte.

Bendiciones.

¡Quédate en casa!

Pr. José Ángel Castilla

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