Un discipulo sigue a alguien porque le admira, es de ejemplo o le inspira. Cuando vemos que otros nos siguen y mostramos la autoridad que de Dios hemos recibido, nos reviste de una de las mayores responsabilidades que podemos tener en la vida. Un buen discípulo, es imitador de la buena conducta que su mentor o autoridad se esfuerza por enseñarle a hacer siempre lo bueno. Siendo seguidores de otros, nuestro carácter es formado. Es una bendición contar con un mentor en nuestro crecimiento espiritual.


Quien modela debe ser consecuente con la responsabilidad delegada frente a quienes lo siguen. Mira a Jesús, siempre modeló a sus doce discípulos el amor y la sujeción al Padre. Si tuviéramos presente ese principio, buscáramos hacer las cosas de mejor manera, modelando a Cristo en nuestra forma de ser, hablar y vivir, porque hay personas que caminan detrás de nosotros. ¿A quien sigues y quien te sigue? Dejamelo saber en los comentarios.

¿Eres modelo para tu familia, tus amigos o tu entorno? Ser discípulo de Jesús, dicho por El mismo, es tomar la cruz, negarse a sí mismo y caminar en pos de el. La muerte de cruz era la más cruenta tortura a la que el imperio romano podía someter a un reo de muerte. Por eso no podemos desasociar nuestra vida cristiana de la cruz. Ese precio lo pagó Jesús renunciando a su posición y humillandose como siervo semejante a nosotros.


Hay mensajes de mucho positivismo y nos encanta escuchar que nos va a ir bien, pero no nos agradan los mensajes sobre renovación del carácter, porque se nos habla de vicisitudes, pruebas y aflicciones. Todo eso hace parte del tomar la cruz. Nadie garantiza un cristianismo sin dificultades o procesos, ni aun Jesús lo prometió. Toma tu cruz con los problemas resueltos o no, felices o tristes, con las manos llenas o vacías. Un verdadero discípulo, no tiene la vida resuelta, sigue en un proceso de perfeccionamiento diario, porque desea agradar a Su Señor cada día.


Perder la vida realmente es ganarla. Ya lo había dicho en un post anterior, no debemos tener temor a la muerte. El vivir es Cristo, pero el morir es ganancia enseña Pablo. Cuando ese momento llegue, debe traer paz al corazón de saber que nos encontraremos con el Señor. Lo que viene es mejor de lo que vivimos aquí en la tierra. En la eternidad no hay dolor ni angustia. Mientras vivamos aquí, mantente ceñido a Dios, sabiendo que con Cristo estamos juntamente crucificados.


Ya no vivimos para nosotros mismos. Vivimos para agradarlo a El. Tomar tu cruz es no sentir vergüenza de llamarnos cristianos sin temor alguno al señalamiento o a la burla de los demás. Este mundo necesita gente que no le dé pena decir que ama y teme a Dios. Si eres uno de ellos, dicelo a Dios en oración ahora y toma tu cruz como estilo de vida. Crucifica tus pensamientos, palabras y malas actitudes.


Te bendigo. Recuerda que Dios no ha terminado contigo.

¡Quédate en casa!

Abrazo fraterno.

Pr. José Ángel Castilla

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