Después de la tormenta viene la calma. Se van las nubes grises, sale el sol y un hermoso arcoiris nos da la señal bíblica que nuestro planeta nunca más volvería a ser inundado y destruido por un diluvio. Para algunas personas lo que experimentan en este tiempo adverso e incierto es como una tormenta. No esperan el momento en que todo acabe y vuelva a ser como antes. Yo creo que mientras el viento sople y golpeé bien fuerte contra nuestra barca, no naufragaremos, porque Jesús está montado en ella.

Así es la fidelidad de Dios. Las tormentas de la vida son circunstanciales, temporales. Inician y concluyen. Creo que todo pasará luego de esta cuarentena y obrará para nuestro bien emocional, espiritual y físico.

Jesús dormía mientras se desató una gran tormenta. Todos sus discípulos estaban aterrorizados del miedo. Cuando la tormenta arrecie, refugiate en los brazos del Señor y entrégale tu carga. No perecerás, nada te faltará. Adora a Jesús con todo tu corazón. Es difícil entonar gratitud cuando queremos gritar o renegar en medio de la angustia, pero la adoración es liberadora.

Persevera en tu fe y apropiáte de una promesa de vida en la Biblia que pueda ayudarte mientras la tormenta pasa. Renuncia al espíritu de temor. Jesús está contigo, nadie estará en tu contra. El Rey del universo es tu padre.

Dios no ha terminado contigo. Te bendigo. Declaro paz sobre tu corazón en éste día en el nombre de Jesús. Suscríbete, comenta y comparte.

Pr. José Ángel Castilla

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