No hay nada más desesperante, que la queja permanente y desagradecida, de a quién se le han olvidado todas las maravillas que Dios ha hecho en su vida. Exactamente igual, fue lo que le pasó a Israel. Quejas para Dios, quejas para Moisés, quejas para Aarón, porque estaban en el desierto y cuando estaban en Egipto, clamaban por libertad. Estaban en el desierto y eran libres, pero se seguían quejando. ¿Quién entiende a un pueblo así? Solo el paciente amor del Padre.

¿Cuantas pataletas y berrinches no hemos armado en este tiempo de cuarentena? Todo en el mundo natural está servido en bandeja para la queja y la murmuración. Encierro, privación de ir a lugares, monotonía laboral y deseos de que todo esto, ¡acabe ya! El tema es, si vamos a terminar comportandonos como la mayoría o vamos a confiar en el mover sobrenatural de Dios.

Dios le dio a Israel carne por la tarde y pan por la mañana, como respuesta a quejas y mas quejas. Te invito a creer y no dejar de confiar en el Señor. Hoy hay maná del cielo para tu mesa y provisión espiritual para tu alma. Dios es la fuente inagotable de todo. El es tu buen pastor, nada te faltará.

Deja de quejarte y recuerda que Dios no ha terminado contigo. Suscribete, dale me gusta, deja un comentario y comparte el link de este post con alguien más.

Abrazo fraterno.

Pr. José Ángel Castilla

4 comentarios

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