Fe implica confiar en Dios aunque a veces no entendamos el por qué y la manera de las cosas que nos pasan. El panorama completo de la vida solo lo conoce Dios. Nosotros solo vemos pequeños fragmentos de la misma, pero sólo El conoce el futuro y el por qué de lo que nos sucede y nos libra de cosas cuando permite se nos cierren puertas. Nadie quiere y ni siquiera pide porque estas se cierren. Todos queremos verlas abrir y entrar por ellas.

Detrás de una puerta cerrada está Dios puliendo nuestra paciencia, sacando lo mejor de nuestra fe y aún enseñándonos a amarlo más. Otra puerta ahora invisible a tus desesperados ojos se abrirá. Solo debes aguardar un poco más.

El mismo Dios que abre puertas también las cierra para nosotros. No lo queremos entender y aunque lloremos o preguntemos muchas veces por qué, sólo Dios sabe por qué se cerró y que viene para nosotros después de esa puerta cerrada.

Laboralmente clamé a Dios en tres oportunidades diferentes para trabajar en tres lugares distintos. Uno de ellos implicaba vivir fuera de la ciudad. Ninguna de esas puertas se abrió porque Dios tenía algo mejor y más alineado a su plan para mí. Entenderlo y contarlo hoy me es fácil. pero en su momento me costó lagrimas y muchas preguntas para Dios.

Tenemos que aprender a morir a cosas que por mucho que queramos que sucedan y nos aceleremos y oremos sin cesar, si no es la VOLUNTAD DE DIOS NO SUCEDERÁN. Una puerta se cierra porque o nos falta fe, no es el tiempo de Dios o nos está guardando de algo o de alguien. Lo mas certero es que detrás de la puerta cerrada, una puerta ABIERTA espera por ti que nadie puede cerrar. Dios te dará la fuerza en la espera. Fluye en obediencia a Su palabra y te sorprenderás.

Abrazo fraterno, El no ha terminado contigo. Suscríbete, comenta y comparte este artículo.

Pr. José Angel Castilla

1 comentario

  1. Completamente cierto, son incontables las veces que le he orado, rogado, clamado y hasta pataleado al Señor, por algo que anhelo y no ha sido su voluntad; en intimidad él me recuerda las veces que mis hijos me han pedido cosas que sé, no les convienen y les digo que no, les doy las explicaciones y siguen insistiendo dando sus razones tratando de convencer, pero como padres buscamos protegerlos y dirigirlos a lo que es bueno, agradable y perfecto para ellos, es entonces cuando le digo “gracias Padre, porque sé que me estas cuidando”.

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