Arrepentirnos, implica dar un giro de 180 grados a nuestra manera de ser, de hablar y de comportarnos. Lo que sentimos en el corazón es dolor de haberle fallado a Dios y a las personas que dañamos por nuestros pecados. Si no sentimos ese dolor por dentro, nuestro arrepentimiento no es genuino. Digiere, medita y detente en lo que acabas de leer.

Por esa razón, el enemigo de nuestras almas, no desea arrepentimientos genuinos en nuestro caminar espiritual, ni aún vernos quebrados y rendidos, sino que nuestro corazón permanezca anclado al orgullo y a los resentimientos del pasado.

Dios ama la obediencia antes que cualquier sacrificio que hagamos por Él o por los demás. El rey David, vive un momento de confrontación cuando lo visita el profeta Natán. Era tan grave el pecado de adulterio y asesinato cometido, que al verse descubierto, rasgó sus vestidos por el dolor de haberle fallado al Señor. Es allí cuando en medio de su arrepentimiento, escribe este hermoso Salmo, que conocemos como el salmo del pecador.

Cada vez que le he fallado a Dios, siempre oro literalmente con ésta palabra y rasgo mi corazón delante de Su presencia. Al hombre de hoy le cuesta reconocer que ha fallado. Le es difícil bajarse y humillarse reconociendo una falta cometida. Le enseñaron a no dejarse de los demás y a caminar por encima de las demás personas. Esto es arrogancia. ¡Ese es el espíritu de satanás!

Pero a los hombres de Dios no nos debe suceder lo mismo. Mientras más nos humillamos y reconocemos que somos polvo, mas seremos exaltados por el Señor. Quien se exalta a si mismo, humillado será por el Señor.

Recordemos cuando el rey Saúl escogió a 3.000 SOLDADOS SELECTOS de todo Israel, para ir en busca de DAVID. Entró a una cueva a hacer sus necesidades, sin darse cuenta que David y sus hombres estaban escondidos más adentro de esa misma cueva. Vemos a un rey lleno de vanagloria, deseos de reconocimiento, desobediente e impaciente.

Un hombre resentido y envidioso que nunca se arrepintió. Y eso le costó el que perdiera el Reino. No pierdas nada de lo que Dios te ha dado por negarte a reconocer tus errores. Quien niega cometer pecados, hace a Dios mentiroso. Se como las olivas, que para extraer el costoso aceite que llevan por dentro, necesitan ser machacadas hasta su deformación.

Si deseas seguir profundizando en ésta enseñanza, te invito a ver el video completo del programa Directo al corazón a través del canal cbintv. Haz clic en el siguiente enlace:

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Pr. José Ángel Castilla.

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