La vida es correr desde que nacimos. Tan es esto cierto, que de los 250 millones de espermatozóides que hay en una sola eyaculación, sólo uno conquista la fecundación de un óvulo. No seas de los que corren su carrera, enfocados en propósitos errados.

Esos deseos mal sanos del corazón, terminan haciéndonos gente insatisfecha y desagradecida con todo. Haz morir de hambre la ambición y observa, que para estar plenos, no necesitas de mucho. La llenura de Dios trae bienestar al alma, eso se traduce en el amor a tu familia y el establecer prioridades correctas.

Alimentar el ego y el orgullo es fácil. Pensar que todo lo mereces, es contrario a lo que la Gracia de Dios nos dice: “Lo recibes porque a El le place”. Escribe tu nombre en un papel y písalo. Eso te empequeñece y ubica delante del Señor, en la posición correcta. Dile a tu alma: “Todo lo tengo por la gracia y la misericordia de Dios”.

No has corrido nada en la carrera de la vida si “solo tienes”, pero tus relaciones familiares y personales están fracturadas. Tu casa no puede sólo oler a ambientador fino y a la rica y deliciosa comida que te comerás, pero en medio de discusiones diarias de postre. Es mejor comer poco, pero en paz, enseña Salomón a los proverbios. Vela que tu hogar esté lleno del amor de Dios y huela a perdón.

¿Hacia donde corres entonces? ¿Con quién vas a disfrutar lo que has obtenido en la carrera de la vida, si ya no cree en ti tu familia? Que no se te acabe la vida y cuando te des cuenta, te veas sólo rodeado de cosas y de “nada”. Esto es perder la carrera.

En este pasaje, Pablo describe dos momentos: Tener todo y tener lo mínimo para sobrevivir. Comprendió el secreto de vivir en cualquier situación: “Todo lo podía” por medio de Cristo, quien le daba las fuerzas. No pierdas tu esencia, sencillez y humildad, nunca. En algunos la necesidad, los lleva a buscar a Dios de forma errada. Cuando el Señor les responde al clamor que le hacían, lo abandonan en el afán de cuidar aquello, por lo que tanto pedían.

No seas un “bendecido”, pero alejado de Dios. Alégrate con lo recibido. Pequeño o grande. Reposa y depende de Dios. No camines en un “falso éxito” que te haga rico para la gente, pero pobre para Dios. Sólo Él, te da las fuerzas para prosperar. Recuerda que Dios no ha terminado contigo. Suscríbete a este blog y recibirás notificación cada vez que suba un nuevo artículo. Comenta y comparte con otros amigos y familiares.

Abrazo fraterno.

Pr. José Angel Castilla

8 comentarios

  1. Hermosa reflexión. Dios siga bendiciendo tu vida pastor, Dios te de fuerza, salud y nos sigas ministrando con tus mensajes, por qué Dios nos habla a través de tus palabras. Te bendigo por qué me has ayudado a crecer mucho como persona.

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  2. Así es muchas veces caemos en el error de esforzarnos más de que lo debemos, supuestamente con la meta de sacar nuestra familia adelante y obtener mejores cosas para ellos y para nosotros, más sin embargo invertimos tiempo valioso para compartir con ellos del cual luego nos arrepentimos. Debemos ser felices con nuestro presente.

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