Cuando atravesamos dificultades algunos se acercan y observan, otros se alejan para no sentir compromiso de hacer algo, pero hay unos que asumen y sabes que allí estarán listos para dar. Ese tercer grupo corre por ti cuando hay que correr y logra apoyarte cuando más lo necesitas. Eso fue la iglesia de Filipos para Pablo. Asumió un compromiso de amor por el apóstol, en un gesto de gratitud por las bendiciones recibidas y ser el instrumento que fue. Por eso les honra en esta carta, porque se seguían preocupando y buscaban la forma de ayudar de todas las maneras posibles.

Ese es el precio que pocos quieren pagar a la hora de honrar y ayudar a quién tanto lo necesita. El egoísmo y la ingratitud están a la orden del día. A veces cuando estás en el mejor momento de tu vida, todos llegan, cuando tienes carencias, todos se van. Pablo estaba preso, pero recordaba de forma especial a esta iglesia dadora materialmente. Fueron los primeros y estando Pablo en Tesalónica, seguían ayudando. La Palabra nos insta a que no nos cansemos de hacer el bien porque a su tiempo recogeremos sino desmayamos.

Por eso todo lo podemos en Cristo, vivir sin nada o con todo. Sólo sus fuerzas nos ayudan a sobrellevar los momentos adversos. Aprendamos de esta iglesia ejemplar y tengamos nuestras manos listas para dar, olvidando cuánto y cuando. Pero siempre recordando y honrando a quienes nos han bendecido. Guarda la gratitud en tu corazón como un estilo de vida y fructifica dando. Dios te recompensará al 💯 por 1.

Recuerda a aquel samaritano y el hombre que cayó en manos de ladrones que lo despojaron de sus pertenencias y lo golpearon dejándolo medio muerto. Llegó un levita y luego un sacerdote. Nada hicieron por él. Sólo este buen hombre que representa la infinita bondad de Dios por encima de nuestra debilidad y fragilidad. El hizo lo que los demás, con su corazón escaso y egoísta no pudieron hacer. Lo curó, lo llevó a un lugar seguro y pagó por él.

Asume y engrosa el grupo de dadores que Dios desea usar. Revisa cuantas cosas puedes entregar: Tu talento, dones, recursos, tiempo. La obra de Dios y algún Pablo recluido en una prisión, te necesitan. Se un instrumento de amor. Recuerda que Dios no ha terminado contigo. Suscríbete a este blog y recibirás notificación a tu correo electrónico, cada vez que suba un nuevo artículo. Deja tus comentarios y comparte con otros amigos y familiares el link de este post. Feliz fin de semana.

Abrazo fraterno.

Pr. José Ángel Castilla

1 comentario

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