Todo en la vida tiene su tiempo y todo debajo del sol tiene su hora, dice el escritor de Eclesiastés. Si miramos las grandes avenidas de las ciudades más organizadas urbanisticamente del mundo, vemos antejardines y hermosos boulevares adornados con arbustos o palmeras perfectamente alineados y esbeltos. Ellos no crecieron al azar o donde la semilla de manera libre deseo caer y germinar. Necesitaron de alguien que plantara cada cierta distancia y según lo que el diseño paisajista le indicara. Al cabo del tiempo, al crecer aquellos pequeños arbustos, fue necesario que se les colocaran cuidadosamente, estacas en todo su contorno, para garantizar que su crecimiento fuese aplomo y muy bien alineados.

Todo es intencional entonces. La corrección temprana, produce grandes frutos al futuro. Por ello cuando somos padres de pequeños, por amor necesitamos llamar la atención de ellos durante sus primeros años. Aunque nos duela, sabemos que la disciplina produce fruto apacible de justicia a los que por ella somos ejercitados. Cuando crecemos cuesta más aprender, entonces con algo de trabajo y mucho esfuerzo toca reaprender, las lecciones no escuchadas y a las que no se le prestó la atención debida. Quien no recibe corrección, paga un precio muy alto en la vida al aprender, a base de estrellarse muchas veces.

Es una bendición entonces ser corregidos. Por amor Dios nos exhorta y adentra en su disciplina, porque desea que nuestros pasos sean firmes y crezcamos esbeltos como palmeras. No permitas que los errores y pecados definan tu identidad, ¡Aprende de ellos! Al ser hijos de Dios a través de Cristo, el Señor nos promete eternidad, tesoros valiosos en Su Palabra, nos dicen lo que Él Padre ha preparado para nosotros.

No esperes a que Dios se vuelva alcahueta de tus debilidades y pecados. El te conoce y aún por encima de tus fracasos y fallidos intentos de hacer las cosas bien, encuentras esperanza en su amor y gracia para avanzar y volver a hacer las cosas en el orden correcto. Por eso debemos dar gracias por las correcciones. Ellas nos enseñan a crecer y madurar espiritualmente en este camino que aún no termina.

Valora entonces la corrección temprana. No sigas estrellándote en las mismas áreas del año pasado. Recuerda que Dios te ama y no ha terminado contigo. Suscribete a este blog y recibirás notificación cada vez que suba un nuevo artículo. Comenta y comparte con otros amigos y familiares el link de este mensaje. Escribeme desde que lugar del mundo me lees.

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Abrazo fraterno.

Pr. José Ángel Castilla

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