No sé cuántas veces te ha tocado servir de fiador, por la deuda de alguien. En esos momentos en que ese “necesitado” te busca, para pedir ayuda, es bueno que tomes en cuenta, si esa persona es cumplida para pagar, es responsable con su vida y sus obligaciones personales. Algunos piden prestado, pero pareciera que no tuvieran la intención de pagar o confunden la palabra prestar con regalar.

Si esto es así amado lector, prepárate para asumir una deuda que afectará en el mediano o largo plazo, tu flujo de dinero. Detente y medita hasta donde ser “buena gente”, quedando bien con amigos o conocidos, sea quedar mal con el presupuesto mensual de gastos de tu casa o negocio.

La Biblia es clara cuando nos da consejos al respecto. Nos debemos de liberar en el menor tiempo posible de todo acuerdo que implique salir de fiador de otros. Tenemos también que aprender a decir que no, o en la medida de lo posible, tratar de que la suma que se adeude y de la cual tu sirvas de fiador, no sea muy alta. ¿Cuántas amistades y relaciones familiares, se han roto para siempre por esto?

No te enredes con las palabras que dices. El Señor nos enseña que nuestro si sea si y que nuestro no sea un no. Establece prioridades en tus gastos. Verifica a quien y por qué motivo, le prestas o haces favores tan grandes, trayendo así, consecuencias nefastas para tu economía. No podemos ser más generosos y bondadosos con los extraños, que con los miembros de tu misma familia.

Esto suele verse mucho y es motivo de discusión entre parejas de esposos. No hay acuerdo entre a quien y por qué razones dar. Se compromete la economía del hogar, por darle a todo el que primero aparezca, diciendo que necesita algo. Siempre aparecerán los que se aprovechan de la situación y también llegarán los abusivos.

Medita en este pasaje del día de hoy y toma decisiones de cambio, respecto a tu dominio propio y la responsabilidad, de a quien y por qué motivo ayudas y le sirves de fiador. Este tema de decir que no, cuando no podemos o debemos hacerlo, no es tarea fácil, pero necesitamos ejercitarnos y con la ayuda del Espíritu Santo, siempre será posible.

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Abrazo fraterno.

Pr. José Ángel Castilla

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