Las bendiciones del Señor enriquecen y alegran de forma integral el corazón. Erróneamente hemos rendido culto al afán, a los placeres momentáneos, a la ansiedad y a la falta de paz. A eso no le podemos llamar bendición. La verdadera bendición de Dios es: Riqueza interior y por Su misericordia, exterior también. Una bendición es un cúmulo inmenso de alegría y de paz, porque nada que te entregue el Padre, podrá alejarte de Él, no te quita el sueño ni las ganas de vivir o de servir. Nunca te hará perder la identidad de hijo y negar al Señor, que lo dio todo por ti en la cruz del calvario.

No te llames bendecido si caminas en desobediencia permanente a Dios y a su Palabra. Una bendición es integra, Dios no da cosas a medias ni te llama a mendigar nada de nadie. La bendición del Señor no nos pone a hacer fila y luego nos deja esperando tristes con las manos vacías. Lo que viene de Dios, viene completo. Cuando las personas me piden oración por “bendición” y oro por ellas, algunas se circunscriben únicamente a pedir riqueza material. ¡Cuán equivocados estamos al creer que sólo eso es bendición! Eso es una ambición disfrazada y una motivación errónea al pedir a Dios.

Las bendiciones llegan y te alcanzan cuando eres obediente. No hay bendecidos con corazones altivos y reincidentes de situaciones pecaminosas, que les roban las bendiciones que por misericordia divina iban para ellos. Quien quiera una bendición integral, no puede ser ruin a la hora de dar y sólo pedir para ellos. Debe ser primeramente generoso, e invertir sin criticar en la obra del Dios al cual le pide. Si quieres ser bendecido, rompe la burbuja de egoísmo y materialismo en la que el mundo te introduce. No pidas bendición sin saber exactamente para qué la pides. Otros piden, pero su corazón es ingrato con Dios y con la gente. Finalmente hay personas que quieren obtener todo fácil y sin esfuerzo. Todo instantáneo, sin sacrificar ni dar nada.

Algo terrible que dejó la cultura del narcotráfico a nuestra sociedad latina, es obtener todo fácil y con un negocio “coronar” la bendición, para no tener que trabajar el resto de la vida. El ocio, la pereza, el no tener un norte ni un objetivo al cual enfocarnos y sacarlo adelante cada día, no es sano. Eso nos lleva a independizarnos de Dios. El día que no tengas motivos para orar, porque ya lo tienes todo, te vuelve el dios de tu propia vida. La Palabra de Dios nos insta a ser esforzados y valientes. Esto no implica sufrimiento, sino perseverancia en el Señor para poder vencer nuestros miedos y depender ciegamente, de un Dios dueño de todo, que no permitirá que nos falte nada.

Hay quienes buscan a Dios mientras no tienen, al encontrar lo que buscaban, se alejan y dicen ya no tener tiempo para orar o congregarse. Lo que encontraron entonces, ni es bendición, ni tampoco buscaban realmente a Dios. Sólo buscaban satisfacer su necesidad temporal. ¡Nunca una bendición te aleja de Dios! Dale valor a la bendición de estar sano, de tener un empleo que aunque no cubra todo lo que anhelas, no te falta y si eso piensas, mira por que otra fuente Dios ha suplido para ti. Valora la familia y la compañía de personas que te aman a tu lado. Es valioso abrazar a tus hijos y verles crecer en todos los sentidos. Dale valor a amar y temer a Dios. Sentir que el está presente en cada momento de tu vida. Estas son bendiciones que a veces olvidamos y que no agradecemos de tenerlas.

Dios quiere verte feliz, en paz y con un corazón agradecido. Si la bendición material llega, enfócate no en ella sino en el propósito por el cual la recibiste. Lo material viene y va, lo eterno permanece para siempre. Recuerda que Dios no ha terminado contigo. Suscribete a este blog y recibirás notificación cada vez que suba un nuevo artículo. Comenta y comparte con otros amigos y familiares el link de este mensaje. Si te gustó este artículo dale like y escribeme cómo te habla y bendice Dios con éste contenido.

Abrazo fraterno.

Pr. José Ángel Castilla

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