Estamos llamados a hacer lo bueno. Debemos entonces bendecir a los demás y dar “conforme” a lo que hemos recibido de parte del Señor. No somos pozos, donde el agua recibida al no circular se estanca. Somos pues entonces, canales cuyas aguas fluyen y siempre están en constante movimiento, porque recibimos y entregamos.

La vida del cristiano es de generosidad y constante mover con lo que Dios nos ha entregado. En mi vida, desde que conozco el amor de Dios, he buscado siempre ayudar y apoyar a quien lo necesite. Algunas veces la ayuda es física y espiritual o ambas. Si no tengo, procuro conectar al necesitado con esos contactos divinos que Dios coloca, a la hora de glorificarse en la vida de alguien. La Biblia nos enseña a darle al que nos pida y nunca retener de lo que hemos recibido del Señor.

Pregúntate siempre: ¿Qué de lo que Dios me ha dado lo estoy poniendo a su servicio? Dar no es sólo dinero. Ofrecemos los talentos, una profesión, diversos recursos, la experiencia, nuestra casa, etc. ¿A cuántos has bendecido con lo que Dios te ha dado? ¿Quiénes se fueron con las manos vacías al decirles que no tenías, pero si podías darles?

Identifica el por qué de tu egoismo a la hora de dar. Quizás tienes miedo a quedarte sin nada o tienes un fuerte apego al dinero. Revisa el tema y sana tu corazón de las veces que en el ejercicio del dar te has enfrentado con la ingratitud. Ese será un gigante al que siempre enfrentaremos y no puede ser una muralla en el camino para seguir dando. No paguemos a nadie MAL POR MAL.

A Jesús le ocurrió esto con leprosos a quienes sanó pero solo uno se devolvió a decir: GRACIAS. Aunque no te digan gracias, aunque se olviden de lo que diste, sigue bendiciendo y dando. Eres un canal y no un pozo. Sana ese dolor producido por la ingratitud y piensa en que tú recompensa vendrá del Señor. Dios paga bien y nos lleva a que recojamos en sobreabundancia porque es un principio de Reino.

Siembra bondad, amor, se agradecido con quién te ha bendecido y enfócate en que cuando bendices a alguien realmente lo estas haciendo para Dios y procura no esperar nada. Deja que el Señor te sorprenda. Cosechamos si no nos damos por vencidos. Recuerda que El no ha terminado contigo. Suscribete a este blog y recibirás notificación cada vez que suba un nuevo artículo. Comenta y comparte con otros amigos y familiares el link de este mensaje.

Abrazo fraterno.

Pr. José Ángel Castilla.

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