Hay una conexión entre nuestro corazón, nuestras palabras y nuestro rostro. Por mucho que intentemos disimular lo que sentimos o lo que nos pasa, tarde que temprano se nos notará, a través de lo que decimos o con los gestos de nuestra cara, la emoción negativa por la que podamos estar atravesando. Por ello el proverbista Salomón, nos enseña que un corazón contento alegrará nuestro rostro. Busca un espejo, mírate y luego pregúntate: ¿Qué es lo que reflejo al observarme?

Contento significa: alguien feliz y satisfecho, conforme con lo que tiene u obtiene. Yo te invito a responder si ésta definición corresponde al reflejo de tu cara. ¿Te consideras feliz? ¿Te sientes conforme con el hoy o hasta donde Dios te ha llevado? ¿Encuentras satisfacción? Si las respuestas son dubitativas o negativas, ese es el reflejo de tu rostro.

Cada uno carga su propia cruz. A veces no nos alcanzamos a imaginar cuanto puede sufrir alguien, si nunca nos damos a la tarea de preguntárselo. Sin embargo hay personas que sobrellevan esas cargas entregándolas al Señor. Otros detonan a cada momento porque producto de la inmadurez o el no saber gestionar correctamente las emociones, tienen reacciones equivocadas.

En estos días veía como alguien se quejaba, por sentirse ofendido, debido a la molestia de los demás, consecuencia de un error cometido por el mismo y pedía empatía en ellos. Yo sabiamente le respondí: Empatía es ponerse en los zapatos de otros. Todos en los de todos. No podemos pedir en otros, aquello que nosotros mismos somos incapaces de hacer. No nos ofendamos cuando seamos instados a la cordura y al buen juicio. Tengamos la edad que tengamos, aprendamos a recibir una crítica constructiva.

Presenta hoy tu quebranto de espíritu al Señor. Oremos un momento y cuéntale al Señor lo que te sucede. Se especifico y no te reserves nada. Ese buen padre sabrá consolar, sanar y poner aceite y vino a tus heridas. Renuncia en el nombre de Jesús a los sentimientos negativos producto de las mismas y perdona a quien tengas que hacerlo. Dios es un Dios alegre y desea sacarte siempre una sonrisa. Un corazón contento, reflejará de la abundancia de lo que posee, aquel que se ha dado a la tarea de guardarlo limpio.

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Pr. José Ángel Castilla

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