Una de las cosas más pestilentes a nuestro olfato es el olor a basura. Llega a ser tan repugnante, que puede provocarnos náuseas. Valoro y honro la vida de quienes a través de su trabajo, tienen que recolectarla cada dia, para que nuestras ciudades luzcan hermosas. Me quito el sombrero frente a este trabajo digno de tantos, que de esa manera sustentan a sus familias. En cierta ocasión escuché la desgarradora historia de una persona que cuando adolescente, huyó de su casa, deambuló por las calles y llegó a consumir basura para poder subsistir durante un difícil tiempo de su vida.

Este pasaje de hoy nos habla de la basura como un alimento tóxico a nuestro corazón que no debemos ingerir por ningún motivo. Lo tóxico nos envenena hasta matarnos emocional y espiritualmente. Tenemos entonces que cuidar el corazón de todo cuanto lo alimentamos. Debemos ser selectivos en la forma como lo nutrimos.

No consumas chismes, no guardes rencor ni resentimientos. No busques pleitos ni estés a la expectativa de vengarte o desearle mal a los demás. No rumies pensamientos del pasado y corta toda ligadura con él. Cuidate de soltar a la gente que pasado el tiempo sigue taladrando tu mente y corazón guardando odio por ellas. Adicional a esto, el consumo visual con el que a veces perdemos horas valiosas que podemos invertir en el crecimiento espiritual, viendo películas o pasando excesivo tiempo en Internet o en videojuegos.

¡Todas estas cosas son basura! Comienza a consumir las verdades de Dios que traen vida y refrigerio para nuestra abatida alma. Dios ponga hambre por el conocimiento de su Palabra, que te lleve a deleitarte en sus promesas. Grandes tesoros encontramos en su lectura y la genuina fuente de sabiduría para impartir a otros.

Deja la basura que consumiste atrás, perdona y llénate del amor del Padre. Proponte regular el tiempo de ocio que dedicas a ver TV o estar en Internet. Recuerda que Dios no ha terminado contigo. Suscribete a este blog y recibirás notificación cada vez que suba un nuevo artículo. Comenta y comparte con otros amigos y familiares el link de este mensaje.

Abrazo fraterno.

Pr. José Ángel Castilla

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