La cruz es símbolo de muerte. Era el lugar de las ejecuciones, donde hombres condenados, padecían a través de métodos crueles, tortuosos y dolorosos. No había escapatoria. Atado o clavado a un madero, era el destino final de alguien que vivía una agonía lenta. Hoy día y luego de más de 2.000 años de la muerte de Jesús, la cruz es el encuentro del amor de Dios y su justicia.

Hoy quiero compartirte algunos regalos que tácitamente nos revela la cruz, al inicio de ésta semana de victoria en la que celebramos que Cristo vive. Éste mensaje fue predicado el pasado domingo 21 de marzo en http://www.cbint.org Te motivo a volver a verlo en el siguiente enlace:

En la cruz fue clavada el acta de decretos, cargos o historial de pecados que había contra nosotros y que nos era contraria. Lo escrito en esa acta debía pagarse con la muerte. La palabra acta, viene de la palabra griega : “cheirographon” , que significa: documento de deuda, escrito a mano.

Si yo te dijera que tomaras una hoja en blanco y luego te pido que escribas en ella, todos los pecados que has cometido, las promesas que le has dicho a Dios, que harías pero tú no has cumplido. Allí en esa hoja también van los fracasos y debilidades de tu carne. Si luego te pido que le hagas una captura a esa hoja de papel y la publiques en tus redes sociales. ¿Te gustaría que todos vieran lo que hiciste?

A lo mejor no. Pero Jesús vivió algo muy parecido, fue avergonzado, excibido públicamente. Lo hizo y experimentó el dolor más profundo, todo por amor a ti. El no opuso resistencia. Las manos que dieron vista a los ciegos y que tocaron niños, ahora estaban siendo clavadas en una cruz. Mientras los soldados romanos lo sujetaban, nunca empuñó su mano. Las extendió porque había aprendido a obedecer. El acta de decretos la eliminó al colgarla en una cruz.

Los clavos nos entregan cuatro mensajes de amor que el Señor te invita a descubrir mientras sigues leyendo:

1. Yo borré tus pecados.

Todos los errores quedaron cubiertos. Entre su cuerpo lacerado y el madero sangrentado, quedó el acta anulada y los pecados borrados. Toda la larga lista de faltas y culpas borradas quedaron tras su sacrificio y muerte.

2. Yo te limpié

Qué desagradable es la mancha que nos deja el pecado. La sensación de suciedad que ni bañandonos muy bien, se nos quita la sensación de inmundicia. El Señor con su sangre, nos limpió y lavó de todo delito y pecado cometido. En el siguiente artículo comparto el resto de regalos. Recuerda que Dios no ha terminado contigo. Suscribete a este blog y recibirás notificación cada vez que suba un nuevo artículo.

Comenta y comparte con otros amigos y familiares el link de este mensaje. Abrazo fraterno.

Pr. José Ángel Castilla

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