Todo lo que vemos, el cielo, la tierra, los animales, la vegetación, el día y la noche fueron creados por el poder de la Palabra que salió de la boca del Señor. Ese mismo poder sigue vigente dentro de nosotros. Creamos o destruímos por la misma fuente. Por ello nuestra boca no puede ser portadora de palabras de muerte, destrucción y maldición. Todo lo que sale de nosotros por nuestras palabras, es producto de lo que abunda en el corazón. Por eso el sabio Salomón nos insta a guardarlo por sobre toda cosa guardada.

Anualmente muchas personas se toman un purgante para combatir los parásitos que habitan en sus intestinos. Algunos se acostumbraron a convivir con ellos aunque les hagan daño y no hacen nada para desecharlos. Tenemos que revisar y cuidar las palabras que decimos, ya que cuando se lanzan se convierten en saetas que cumplen su cometido. Purga tu boca con la dulzura de la Palabra del Señor.

Cuida de aquello con lo que te alimentas. De nuestra riqueza interior de vida o de muerte será lo que hablaremos. Este tiempo que vivimos, debemos ser portadores de esperanza y transmisores del amor de Dios. Deja a un lado el juicio, la crítica y reemplaza tu inconformidad por oraciones. No profieras lenguaje de muerte y enfermedad a cada paso que das. Frente a nuestros ojos hemos visto muchas cosas dolorosas, pero cuida lo que dices frente a lo que observas.

Recogeremos la cosecha de nuestra siembra. Deseo que sea una buena cosecha la que disfrutes en este tiempo. Frente a cada circunstancia adversa, busca una respuesta en la Palabra del Señor. Así aprenderás a caminar y vivir por fe, creyendo más en lo que la Biblia dice de tu circunstancia y no lo que la abundancia del corazón te haga proferir de forma negativa.

Recuerda que Dios no ha terminado contigo. Suscribete a este blog y recibirás notificación cada vez que suba un nuevo artículo. Comenta y comparte con otros amigos y familiares el link de este mensaje. Abrazo fraterno. Feliz fin de semana.

Pr. José Ángel Castilla

2 comentarios

  1. “Es cierto que todos cometemos muchos errores. Pues, si pudiéramos dominar la lengua, seríamos perfectos, capaces de controlarnos en todo sentido”. Santiago 3:2 NTV

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