Siempre he pensado en lo difícil que es estar en el corazón del Señor, para comprender con cuánto amor nos ama, y a así mismo en esa medida de amor, deba disciplinarnos. No podemos entonces amar más de lo que ama Dios, como para no disciplinar a nuestros hijos, por el temor a no mostrarnos ogros y hostiles. Un padre puede flexibilizar la crianza de la cuál es completamente responsable y por la que Dios le pedirá cuentas, por miedo a ser agredido, haber dado un mal ejemplo o pérdida completa de su autoridad en casa.

Lejos de cuanto haya estudiado en cómo ser un mejor padre, he terminado cometiendo errores que prometí no cometer en la crianza de mi hija. Con el tiempo entendí que un buen padre no es aquel que nunca se equivoca, sino el que reconoce cuando falla y se esfuerza por modelar el corazón de Dios: amoroso, perdonador y formador.

Todo niño nace con la necesidad de afecto y ningún cuidador por muy hábil que sea, podrá reemplazar la atención, protección y amor, que un buen padre pueda entregar. Los hijos no nacen con un chip incorporado de disciplina, que los haga ser obedientes de forma automática. En el proceso de formación, también seremos formados nosotros.

Cada etapa en el crecimiento de nuestros hijos, mostrará nuevos retos. Mi hija está a pocos meses de cumplir sus quince primaveras y aunque cariñosamente le digo “baby”, no la trato como tal. He aprendido a que ella desea ser tratada como la adolescente que hoy es, aunque a veces muy dentro de mí, quisiera que no creciera más y fuera mi nena toda la vida. La fe en Dios y el amor de papá, me entregan la autoridad para disciplinarla, cuando ha sido necesario.

Disciplina no significa gritar como desquiciado para que tus hijos reconozcan tu autoridad. Tampoco amenazar todo el tiempo, para lograr llamar su atención, ya que terminas sembrando temor e inseguridad en ellos. Al crecer les costará tomar sus propias decisiones y dependerán completamente de ti. Disciplina con agresión física lleva a que repitan el mismo molde agresor cuando sean padres.

Proverbios nos enseña, que debemos disciplinar al niño, para no arruinar al adulto. No pierdas la fe y asume el rol de autoridad que Dios te ha entregado. Gobierna bien tu casa, amando y formando mientras haya esperanza. Como padre eres la imágen de autoridad y amor que Dios te dio, para liderar a tu familia.

Recuerda que Dios no ha terminado contigo. Suscribete a este blog y recibirás notificación cada vez que suba una nueva entrada. Bendice a tus amigos y familiares reenviando el link de la reflexión de hoy. Abrazo fraterno.

Pr. José Ángel Castilla

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