Se aprende a amar, a perdonar, a respetar y a honrar en nuestras propias casas. Es una responsabilidad como padres, modelar estos valores a nuestros hijos. Los colegios y las iglesias añadimos sólo un grano de oro a nuestros niños y jóvenes, pero la gran tarea se realiza en casa, buscando modelar la paternidad de Dios a nuestros pequeños y jóvenes. Siempre me ha ministrado la intimidad que existe entre el Jesús Hijo y Dios el Padre. Ambos eran “uno” dice el apóstol Juan. ¿Cuánto nível de intimidad, has desarrollado en la relación con tus hijos?

A veces como padres sólo nos quedamos en el rol de cumplir y hacer y se nos olvida trabajar en nuestro ser. Se crecen nuestros hijos, muchas veces intoxicados de nosotros mismos. Creo profundamente que detrás de la rebeldia y la desobediencia de un hijo, está la falta de corrección y formación temprana de parte de sus padres. Un gran ejemplo de hijos rebeldes y desobedientes, los encontramos en Ofni y Finess. Hijos de Elí, sacerdote en los tiempos en que aún no nacía el profeta Samuel. Hacían como querían, eran fornicarios y ladrones. Deshonraban a Dios y el ministerio de su padre. Elí, sabia todas las cosas y nunca los llamó a cuentas para corregirlos.

Será que la rebeldía que muestran nuestros hijos, es el reflejo de tantas veces que nos vieron rebelarnos contra el sistema, estar en desacuerdo con todo, hablar mal de la propia familia delante de ellos y hasta de la iglesia y sus pastores. ¿Cómo pretendemos que sean sumizos y obedientes, si nosotros somos su modelo de rebeldía gratuito en la propia casa? Imposible ver otra cosa en ellos. Antes de leer y meditar en el pasaje de hoy, siempre me pregunté: ¿Por qué me irritaba tanto el ver a un hijo deshonrar a un padre? Cómo no molestarme, si lo enseña la escritura.

Los padres merecen todo el respeto y la honra que como hijos podamos entregar mientras vivan. Honrar es un mandamiento. Un padre no debe ponerse al nivel del hijo, para discutir de tú a tú o viceversa. Proverbios llama a estos hijos maltratadores de sus padres: “Vergüenza pública”. Oro por aquellos padres que luchan por mejorar cada día la relación quebrada con sus hijos. Dios les de sabiduría y amor para aconsejarles, porque en algunos casos, al hacerse adultos ya no desean escuchar consejos de sus “viejos”.

No claudiques en tu labor como padre. Nunca es tarde para honrar y amar. Abraza ahora mismo a ese hijo que tantas canas te ha sacado y recuerdale cuánto lo amas y estás listo siempre para volver a conectar con él. Les bendigo. Recuerda que Dios no ha terminado contigo. Suscríbete a este blog y recibirás notificación cada vez que suba una nueva entrada. Reenvía a tus amigos y familiares el link de ésta reflexión de hoy.

Abrazo fraterno.

Pr. José Ángel Castilla

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