En etapa preescolar aprendimos que teníamos cinco sentidos: ojos, oídos, olfato, gusto y tacto. El escritor del libro de proverbios, resalta a dos de ellos: Los oídos y los ojos. Los primeros nos fueron dados para oír y los segundos para poder ver. Aunque suene obvio esto a veces no escuchamos ni vemos. Por alguna razón en particular, Dios permitió que de estos dos sentidos se escribiera en la Palabra, que son un regalo de El. Hoy en esta entrada, compartiremos acerca de ambos. Leamos lo que dice el pasaje de hoy:

En nuestra vida espiritual es clave saber escuchar. Dios nos habla permanentemente y a través de diferentes formas. Las circunstancias presentes nos envían mensajes de parte de Dios. La situación política mundial, nos predice que estamos cerca de los tiempos finales de la dispensación de la gracia. Pero nadie puede decir cuando terminará. La historia ha mostrado a algunos atrevidos y desacertados, que han vaticinado fechas, pero la Biblia es clara en que ese secreto sólo le pertenece a Dios.

He allí donde se hace vital abrir nuestros ojos espirituales y estar apercibidos para no dejarnos engañar con doctrinas erradas y mentirosas que nieguen a Cristo, nos hagan aborrecer a nuestros padres y veamos lo malo como bueno. Pide al Señor que abra tus ojos espirituales para ver lo invisible del mundo espiritual oculto para la mente racional y carnal. Vela y ora por tu familia, estorba con amor los caminos de tus hijos cuando éstos busquen desviarse del camino correcto. Ora y espera ver la Gloria de Dios, en medio del tiempo difícil que vivimos.

No podemos claudicar ni adormecernos. El enemigo de nuestras almas busca devorar nuestra fe como fiera hambrienta. Si no creemos no veremos. Sin fe se hace imposible agradar a Dios. Así que abre tus oídos a la Palabra de Dios, alli te hablará. Escucha a hombres temerosos del Señor, alli encontrarás sabiduría y consejo oportuno. Escucha a tu esposa varón que me lees y recibe a través del discernimiento que Dios le ha dado a la mujer, de manera especial.

Mira detrás de lo malo y de lo difícil de entender, la mano de Dios obrando a nuestro favor. Por eso el apóstol Pablo nos enseña que todo obra para bien a los que amamos a Dios. Oír y ver, regalos del Señor para ejercitar en este tiempo. Recuerda que Dios no ha terminado contigo. Suscribete a este blog y recibirás notificación cada vez que suba una nueva entrada. Bendice a tus amigos y familiares reenviando el link de ésta reflexión. Escribe tus comentarios al final. Abrazo fraterno para todos.

Pr. José Ángel Castilla

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