Desarrollar la habilidad de escuchar la voz de Dios, es tener la llave a comprender su perfecta voluntad. Quien tiene como hábito escuchar buenos consejos, ya sea de personas con experiencia o también abrir la Biblia y buscar dirección sabia, busca crecer en relación con Dios. Cuando hablamos con alguien, podemos discernir con facilidad, si nos está prestando atención y si lo que decimos lo valora y atesora. Imagina de la misma forma al Señor. Quizás no escuches su audible voz, pero se valdrá de muchas formas para decirnos algo, que a veces, por estar tan ocupados y distraídos, no queremos escuchar.

Salomón en este proverbio, nos insta a tener los oídos atentos a los buenos consejos provenientes de la boca de un sabio. Son regaños tan valiosos y costosos comparados a un collar de oro fino. Dios siempre está listo para decirnos muchas cosas. Nos recuerda que somos sus hijos, nos confirma identidad, seguridad y pertenencia. Nos regala tantas promesas maravillosas escritas, para librar batallas frente al desánimo o la falta de fe.

En hombre que se humilla y rinde ante la sabiduría divina, tarde que temprano será exaltado y reconocido como sabio, porque el principio de la sabiduría es el temor al Señor. Por eso Maria cuando Jesús entra a su casa en Betania, no dudó en hincarse ante sus pies y deleitarse en escucharlo. Actitud antónima la que mostró su hermana Marta, quien no cesaba de quejarse por el afán de la vida diaria.

Así sucede muchas veces con nosotros. Ocupaciones domésticas o laborales, las tareas escolares o la recreación, son las excusas perfectas para no sentarnos a leer y meditar en la escritura cada dia. Hoy quiero dejarte esta reflexión para que crezcas en tu vida de intimidad con el Señor. Nunca será suficiente para crecer en nuestro amor por Dios. Enamórate de Jesús, profundizando en su palabra. Proponte en este día tener tus oídos atentos a lo que Dios te quiere decir, además de lo que se te habló a través de la reflexión de hoy.

Recuerda que Dios no ha terminado contigo. Suscribete a este blog y recibirás notificación cada vez que suba una nueva entrada. Bendice a tus amigos y familiares reenviando el link de ésta reflexión. Deja tu comentario al final. Abrazo fraterno.

Pr. José Ángel Castilla

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