Sentir hambre y saber que nos espera un suculento plato de comida, siempre será una bendición. Estar hambrientos y tener la incertidumbre de no saber si habrá comida en nuestra mesa, es una sensación de tristeza e impotencia, sobre todo si hay niños esperando un pedazo de pan. Conozco la historia de personas cercanas, que en el momento más extremo de necesidad en sus vidas, esculcaban entre la basura, con la esperanza de encontrar sobras de alimento para poder comer.

Por eso cada plato de comida en nuestra mesa debe ser visto con agrado y gratitud. Debemos dar gracias primeramente al Señor, por ser nuestra fuente de provisión. También debemos agradecer y bendecir, a la persona que Dios usó para proveerlos (sean família o amigos cercanos) y por último, ser agradecido con quien los preparó y sirvió en nuestra mesa. Debemos enseñar ese principio a nuestros hijos. Orar y dar gracias por cada momento en la mesa en la que degustamos la bendición del pan de cada día. Muchos no gozan del privilegio de poder comer.

El hambre va y vuelve. Nunca se sacia. La llenura de alimento es temporal. Por eso Salomón en este proverbio nos dice que con el estómago lleno, rechazamos la dulce miel. Pero para alguien hambriento, hasta lo amargo le sabe a dulzura. Cuántos momentos difíciles viven personas que sólo pueden comer una vez al día. Jesús decía que los pobres siempre estarían en medio de nosotros.

Quiero dejar ésta reflexión en tu corazón para que vuelvas cada momento en la mesa, un instante de gratitud al Señor. Puedas hacerlo en compañía de los seres que amas y no permitas nunca que la mesa se convierta en un ring de boxeo donde se discute y se reclama, sino en un espacio de afirmación y soporte, de risas e instantes de plenitud familiar, momentos de amistad y de amor.

Piensa en quien cerca de ti pueda estar hambriento emocional, espiritual o físicamente. Busca la forma de proveer un poco de lo que tienes y que el Señor te ha dado para que seas “el milagro que alguien espera” de parte de Dios. Te bendigo. Recuerda que Dios no ha terminado contigo. Suscribete a este blog y recibirás notificación cada vez que suba una nueva entrada. Bendice a tus amigos y familiares reenviando el link de ésta reflexión.

Abrazo fraterno.

Pr. José Ángel Castilla

1 comentario

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