El hogar es el lugar cálido donde recibimos amor, corrección, aprendemos los valores y somos afirmados en nuestra identidad. En ese cálido lugar lo tenemos todo. Con errores y virtudes Dios nos permitió tener a los mejores padres del mundo, porque Él los escogió para darnos la vida. Todo cumple un ciclo y permanecer en el hogar, tiene también su tiempo. Por mandato Bíblico el hombre dejará a su madre y a su padre y se unirá a su mujer, para así formar una nueva familia.

Un ave madre, no abandona el nido a menos de que tenga que ir a buscar comida. El lapso de tiempo que utiliza para ir y volver, es de media hora. Las pequeñas aves desde que salen del cascarón y se lanzan a volar se llevan de 12 a 30 días, dependiendo de su tamaño y la magnitud de sus alas. Un nido descuidado es presa fácil para los depredadores.

Si bien no vamos a ser niños dependientes toda la vida, porque nos haremos adultos y necesitaremos valernos por nosotros mismos y depender de Dios. La otra cara de la moneda, estará en abandonar el hogar y con esto la responsabilidad de nuestros hijos, cónyuges y hasta de padres, si en su etapa final de vida, dependen de nosotros. El abandono en todas sus formas, es una herida de rechazo que produce orfandad e inseguridad en nuestros hijos.

Abandonar el nido y descuidar a nuestros polluelos, puede darse por adulterio, irresponsabilidad, excusas de no tener trabajo, estar endeudado y ser intolerantes a las frustraciones del diario vivir. Revisa qué has descuidado y abandonado en éste tiempo en tu vida, que demande más presencia que nunca. Quizás una esposa reclama más atención de su marido ocupado, unos hijos sienten que poco ven a sus ocupados padres o permanentemente están en el centro de un fuego cruzado entre sus progenitores.

No nos llevemos a nadie por delante por abandonar el hogar. Irse de casa porque nos casamos y formamos una nueva familia, no significa descuidar tu familia de orígen. Medita en ésta reflexión de hoy y toma decisiones radicales para fortalecer las relaciones familiares y matrimoniales. Compromete tus labios con palabras de amor hacia los miembros de tu hogar. De seguro hoy lo necesitan escuchar. Te bendigo. Recuerda que Dios no ha terminado contigo. Suscribete a este blog y recibirás notificación cada vez que suba un nuevo artículo.

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Pr. José Ángel Castilla

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