Hace 15 años fui comisionado como pastor asociado de la Iglesia Centro Bíblico Internacional en Barranquilla Colombia. Antes de la ceremonia de comisionamiento frente al liderazgo de la comunidad que he visto crecer y a la que amo como mi segunda familia, estuve en reunión privada con el apóstol Rafael Gómez. Confieso que cuando me compartieron que dejaría el liderazgo para convertirme en pastor, no me sentía listo y tuve mucho miedo por todo lo nuevo que se avecinaba para mí. Mientras en esa reunión escuchaba todo lo nuevo que venía para mi vida, sentí muy fuerte en mí corazón la voz del Señor a través del siguiente pasaje:

Así como el profeta Jeremías se pudo sentir inexperto y muy joven para el llamado que se le entregaba, igual me sentía yo y nos sentimos todos cada vez que asumimos un nuevo reto, una responsabilidad frente a un trabajo o liderar un proyecto o encabezar una organización, sea en el orden laboral o ministerial. Ese “sentir” de que NO HA LLEGADO EL TIEMPO o NO ESTAMOS LO SUFICIENTEMENTE PREPARADOS, es la típica frase que ponemos como EXCUSA, para no asumir los nuevos retos.

Quince años de pastorado me han enseñado que los miedos y el temor reverente de ser un vaso en las manos del Señor, es una gran responsabilidad que demanda consagración, santidad y dependencia absoluta en el Señor para seguir su dirección, aunque no la entienda y a veces la cuestione. El muestra su soberanía en medio de cada momento de nuestras vidas. Jamás me he sentido sólo en mi trabajo ministerial. Aunque tenga dificultades y sortee grandes batallas, Él peleará por nosotros.

Si Dios te escoge para algo, El te capacita, te adiestra y sólo El sabe cuál es el momento en que debes asumir su llamado. Jeremías se le instó a ser obediente y se le prometió que Dios estaría con El y no tuviera temor. Lánzate y atrévete a asumir ese rol al que tanto miedo le has tenido. Si llega a tu vida esa oportunidad, no la desaproveches. Se consecuente con lo que has venido orando a Dios y nunca olvides que siempre estará contigo, porque Él no ha terminado aún la buena obra que un día empezó en ti.

Abrazo fraterno.

Pr. José Ángel Castilla

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