La vida es una carrera. No se trata de quien llega de primero, sino de llegar y coronar el premio prometido por el Señor para todos. El anhelo del padre en su inmensa misericordia, es la de que sus hijos vivamos con él para siempre. Mira cómo corres y los pasos que das para llegar, porque en la pista atlética tendremos momentos en los que caminamos, nos detenemos o corremos a gran velocidad. ¿A qué ritmo estás llevando tu vida para obtener la corona que Dios nos ha prometido?

Las luchas de la vida diaria, enfrentar oposición y batallar intentando mover murallas en nuestras fuerzas, pueden desmotivar el ritmo de la carrera. Necesitamos discernir y no perder la paciencia para avanzar paso a paso en la pista de la vida. Hoy te invito a meditar en tus batallas. Cuáles de ellas son pérdida de tiempo, cuáles son la consecuencia natural de tus pecados y finalmente, cuáles culpa de la obstinación o de las luchas en tus propias fuerzas, te tienen cegado y sin dirección divina.

Pido al Señor que nos alumbre con su luz, en medio de la incertidumbre. Instantes sombríos en los que no sabemos que más hacer, sobre todo en los momentos en los que sentimos que hemos hecho de todo y no vemos respuestas o cambios. Mira al Señor, enfócate en Jesús y elévate en fe para ver las situaciones difíciles desde otra perspectiva. Dios está sentado en su trono, no está fatigado, estresado ni agobiado como nosotros. Aquel que no se fatiga con cansancio y su entendimiento no hay quien lo alcance, tiene la salida a tus dificultades.

Guarda tu corazón, cuida las palabras que dices cuando te desesperas, evita ofender a quienes tengan o no la culpa de lo que te sucede. Una fresca brisa de renovación sopla sobre tu vida en esta semana. Dios ha visto lo que te sucede, ha juzgado y su precisa balanza se inclinará del lado de la verdad y de la justicia, aunque sientas que se ha tardado. Recuerda que quien te creó te ama y no ha terminado contigo. Te bendigo. Suscríbete a este blog y recibirás notificación cada vez que suba una nueva entrada. Reenvía el enlace de ésta reflexión a tus amigos y familiares. Deja tu comentario al final.

Abrazo fraterno.

Pr. José Ángel Castilla

1 comentario

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