El viernes pasado pasé el susto más grande y nunca antes experimentado, en los quince años de vida de mi hija. Producto de un cólico estomacal fuerte, se desmayó mientras estaba en el baño. Al ver que demoraba más allá de lo usual y que no respondía a mis llamados, me vi forzado a entrar y la encontré desmayada. Dos horas antes había recibido la primera dosis de la vacuna contra el Covid 19. Lo primero que pasó por mi cabeza fue que había hecho reacción a la misma y otros malos pensamientos asociados a ello. El enemigo de nuestras almas, disfruta vernos derrotados y vencidos, pero olvida que el derrotado y vencido en la cruz del calvario fue él.

Cargué a mi baby quinceañera, la llevé a la cama y como pude la reanimé. Se movía extraño, sudaba mucho, no me respondía, estaba pálida y sus labios estaban blancos, fue una situación desesperante, pero en medio de la angustia VI LA GLORIA DE DIOS cuando abrió nuevamente sus ojos y me dijo: “papi estoy aquí”. Se me salieron las lágrimas, las mismas que me salieron mientras escribía ésta reflexión de hoy, dándole gracias a Dios una vez más y confirmar que mi vida y la de mi familia están en sus manos.

He visto su Gloria y mi corazón está marcado por la resiliencia. Han sido múltiples momentos difíciles, de donde el Señor me ha sacado y levantado. De ese instante adverso con “mi Sofi” no iba a ser la excepción. Si sus ojos siguen abiertos y respira, es porque Dios tiene propósitos en éste tiempo para ella. Confieso que por un momento sentí que mi hija se me iba, como menciona el pasaje de hoy con la hija de Jairo. La gente decía que estaba muerta y Jesús decía que estaba dormida, causando burla entre los asistentes. Todo el tiempo de la crisis que mi hija vivió, no cesaba de clamar al Señor que me ayudara. Cuando descansamos y soltamos nuestras cargas pesadas a Dios, él promete tomarlas y cambiarlas por cargas ligeras de llevar para seguir adelante, pero con él.

No hagas de la relación con Dios, como la de un bombero al que llamamos para que venga y te apage el incendio momentáneo de tu vida, pero luego de apagado, te olvidas de él. Haz al Señor, parte de tu vida cotidiana. Llévalo aún a los lugares más recónditos del corazón y deja que limpie y sane lo que tenga que limpiar y curar. Eso lo sabe hacer el Señor mejor que nadie y el resultado será tu restauración. Yo ví la Gloria de Dios en la salud de mi hija, te inspiro y motivo a creer en que tú también la verás en el nombre de Jesús. Dile a tu momento difícil: “Talita Cum” Levántate de tu condición adversa y cree en el nombre de Jesús.

Recuerda que Dios no ha terminado contigo. Suscríbete a este blog y recibirás notificación cada vez que suba una nueva entrada. Reenvía el enlace de ésta reflexión a tus amigos y familiares. Deja tu comentario al final. Abrazo fraterno para todos.

Pr. José Ángel Castilla.

2 comentarios

  1. Nahúm 1.7 Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían.ok
    Gracias por ese mensaje Pastor, Dios siga guardando su vida y la de su familia, bendiciones.

    Le gusta a 1 persona

Gracias por leer nuestras entradas y comentar lo que Dios está hablando y haciendo en tu vida.

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